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Opinión

INEE y CNSPD: de mal en peor

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385 Grados / Abelardo Carro Nava / Tlaxcala / Como bien sabemos, con la “reforma” educativa que puso en marcha el gobierno de Peña Nieto, dos instancias cobraron singular importancia en el medio educativo en México; me refiero, como parece obvio, al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD); dos instancias, repito, que cobraron singular importancia dado que la responsabilidad que se les confirió no fue menor: asegurar la calidad de los aprendizajes a través de la evaluación educativa; y para el logro de tal propósito les dotaron de facultades que, bien a bien, no han logrado operar dadas las injerencias de las decisiones políticas que, como veremos más adelante, dificultan y enrarecen el ya de por sí intricado Sistema Educativo Mexicano (SME). Veamos.

Como seguramente usted conoce, en días pasados el Senado de la República eligió a dos nuevos integrantes de la junta de gobierno del INEE. De las ternas propuestas, resultaron seleccionados Patricia Gabriela Vázquez del Mercado y Bernardo Hugo Naranjo Piñera (en substitución de Margarita Zorrilla y Eduardo Backhoff, respectivamente). Dos actores de cuyo perfil no me ocuparé en demasía salvo para mencionar que la primera, fungía como Secretaria de Educación Pública en Puebla y, el segundo, como asesor externo en las Secretarías de Educación de Puebla y Sonora. Y menciono que no me ocuparé en demasía porque, independientemente de su perfil y trayectoria académica, me parece importante destacar el mensaje que el legislativo envío a la sociedad y al magisterio: a) no les interesó en absoluto la educación en México; b) evidenciaron una vez más su desconocimiento sobre los procesos de evaluación (como ha sido desde que aprobaron la mal llamada reforma educativa); c) excluyeron la investigación educativa tan necesaria y fundamental en los procesos de evaluación de los maestros y maestras de nuestro país; d) quizás, el más importante, “aseguraron” la continuidad una forma de evaluación (punitiva) que no evalúa el trabajo que los docentes realizan a diario en sus respectivos centros escolares pero, también, de la inoperancia en la SEP.

Sí, ese es el mensaje que envió el legislativo al magisterio mexicano. Eduardo Backhoff y Margarita Zorrilla, han pasado a ocupar un lugar en la historia donde la misma historia los juzgará. Qué si no pudieron, como académicos, lidiar con el paquete; qué si sus logros son dignos de reconocerse. Desde mi perspectiva, por el momento ese asunto es y será harina de otro costal, porque con la elección hecha por el Senado considero: perdió la investigación educativa, ganó dos aliados la SEP… ¿y el INEE? Ha entrado en una seria encrucijada entre su autonomía y hacer lo que la SEP determine, aunque para efectos prácticos, así ha sido desde el principio. En fin.

Y bueno, ya que estamos hablando del INEE y algunas de las “inconveniencias” que pueden presentarse en un futuro no muy lejano, corresponde hablar un poco sobre la evaluación del desempeño de docentes y técnicos docentes al término del segundo año dado que ésta estuvo, con mucha seguridad, muy presente en los Consejos Técnicos del pasado 27 de abril – y que tuvieron lugar en cada una de las escuelas de la República Mexicana – y en cada uno de los maestros y maestras que ingresaron hace un par de años al SPD, y no es para menos; si no mal recuerdo, el INEE en el mes de octubre del año pasado, a través del Calendario de las Evaluaciones del Servicio Profesional Docente 2018, así lo informó al magisterio, es decir, que serían evaluados.

No obstante esta normatividad y/o reglamento que tan pomposamente fue aprobado por Senadores y Diputados (otra vez la burra al trigo), es importante mencionar que hay una preocupación evidente en los docentes que serán evaluados. Esto, porque precisamente el trabajo que hasta el momento ha hecho el INEE en esta materia ha dejado mucho que desear y bueno, el que ha realizado la CNSPD ni se diga, va de mal en peor y, para muestra un botón: conforme a los lineamientos que estableció la “reforma” educativa (en la LGSPD, Cap. III. Del ingreso al Servicio. Art. 22), se dice que los profesores de recién ingreso: “con el objeto de fortalecer las capacidades, conocimientos, competencias… durante un periodo de dos años tendrá el acompañamiento de un tutor designado por la autoridad educativa o el organismo descentralizado, según corresponda” pero, lamentablemente, en los hechos, en muchas entidades de la República y, para muchos pero muchos maestros, este artículo, esta norma, esta disposición jurídica, ha sido, es y será letra muerta.

¿Qué pasó con la tutoría prometida?, ¿por qué los maestros y maestras no tuvieron ese acompañamiento?, ¿quién asumirá la responsabilidad de tal incumplimiento?, ¿cuál es el argumento que en esta ocasión dará la SEP sobre este asunto?, ¿a dónde se ha ido el presupuesto (si es que ha existido) para que cada docente de nuevo ingreso pudiera contar con un tutor? Vaya, ¿se conoce cuántos tutores existen en el país?, ¿quiénes son éstos, quién les autorizó y/o certificó para esta desempeñar esta acción? En fin, preguntas y más preguntas que, seguramente quedarán en el aire, pero eso sí, cientos de profesores en estos momentos, se encuentran realizando su proyecto de enseñanza para subirlo a la plataforma que, hay que señalarlo, no está operando como debiera.

Estos pues, son dos de los tantos problemas que enfrentan quienes, en los hechos, no han logrado materializar las acciones de tan nombrada calidad educativa en nuestro país, desde luego, con la evaluación educativa de por medio.

Ciertamente, el tema de los recién nombrados integrantes del INEE despierta y anima la polémica porque éste, no ha tenido ni gozado de la autonomía requerida para cumplir con sus funciones. Ha estado, como parece obvio, sujeto a los designios presidencias y legislativos. ¿Por qué si se habla de autonomía en este tipo de organismos no se revisa lo que en su momento pasó con el llamado Instituto Federal Electoral (IFE) cuando José Woldenberg lo presidía?, ¿por qué se ha permitido que la CNSPD siga cometiendo las mismas “barbaridades” que desde un inicio cometió y que en nada apoyan la labor de los maestros y maestras de México?

Sí, urgen respuestas. Urgen instituciones fuertes, sólidas, confiables, legítimas. Urge sacar a la política del tema educativo. Sí, de esa mala política que opera desde Los Pinos.

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Malos gobiernos municipales en Tlaxcala con Aurora Arenillas 

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Diversos conflictos municipales se han gestado en las últimas semanas.
El deterioro institucional es claro en todos los casos.
Prevalecen señalamientos de corrupción, desvío de recursos y abuso de poder.
Tal parece que en los ayuntamientos las autoridades se regodean por el mero hecho de sentirse autoridad y ejercer poder por los beneficios personales que ello conlleva.
Sin embargo, pierden de vista que la estela de impunidad que dejan a su paso afecta la convivencia social y la credibilidad ciudadana en el primer nivel de gobierno.
En localidades como Ixtenco, Xaltocan, Calpulalpan, Axocomanitla y Españita, la desconfianza en las presidencias municipales es una realidad.
Los problemas de gobernabilidad en tales comunas se han contenido; sin embargo, es un hecho que siguen latentes porque no se han resuelto de fondo.
En Ixtenco, un grupo de pobladores rechaza la reciente reincorporación del edil Miguel Ángel Caballero Yonca, quien fue suspendido 180 días por el Congreso local, tras la violencia que generó su decisión de recuperar, de modo violento, la alcaldía el pasado 14 de marzo, misma que estaba en manos de ciudadanos inconformes.
En Xaltocan, hay inconformidad porque el alcalde interino, Ignacio Vázquez, participó en el asalto a un ciudadano en Apizaco, y está enfrentando el proceso legal correspondiente.
En Calpulalpan, hay regidores y ciudadanos que acusan al alcalde Neptalí Gutiérrez de desvío de recursos y enriquecimiento ilícito, pero también de las agresiones y amenazas que sufrió el presidente de comunidad de San Marcos Guaquilpan, tras denunciar presuntos actos de corrupción en la Presidencia Municipal.
En Axocomanitla, la síndica presentó al Congreso local una solicitud para que separen de sus funciones a la presidenta municipal Martha Palafox, así como la tesorera, Yuridia Zamora, ante indicios de corrupción y malversación de recursos públicos, mismos que motivarían anomalías en la cuenta pública.
Y en Españita, el regidor Óscar Ávila dio nota nacional al ser señalado como presunto responsable de la golpiza que sufrió Carolina Ramírez, exsecretaria del ayuntamiento, junto con su madre, el pasado fin de semana, luego de que la agredida denunciara al regidor de acoso sexual.
Es claro que los abusos y excesos han dejado una marca negativa en la imagen de estas administraciones municipales.
Ojalá aún tengan los ediles la oportunidad de enmendar la situación en sus comunas, a fin de que sus conflictos no escalen más, ya que, en varios casos, la ciudadanía ha tomado la iniciativa y no está dispuesta a ceder ante lo que bien calificarían como malos gobiernos.
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El INEE: su desaparición

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385 Grados / Tlaxcala / Abelardo Carro Nava / ¿Qué pasaría si el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) desapareciera? Fue una interrogante que me formulé desde que integrantes del grupo parlamentario de Morena (con mayoría tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores) anunciaron que presentarían una iniciativa con la finalidad de reformar varias fracciones del artículo 3º y 73º de la Constitución Política Mexicana y, de esta manera, desaparecer a dicho Instituto. 

Interrogante cuya respuesta pareciera fácil de responder; sin embargo, considero que los argumentos que deben emanar al respecto, deben estar fincados en el conocimiento de causa, y no en la simpleza que conlleva un asunto meramente demagógico y electorero. Me explico.

Como seguramente ustedes conocen, la reforma educativa propuesta por Peña Nieto y compañía, trajo varias modificaciones a la Constitución Política Mexicana en los artículos 3º y 73º, incluyendo las que se desprendieron de la Ley General de Educación (LGE), de la Ley del Servicio Profesional Docente (LGSPD), y lo concerniente al INEE y su autonomía (para ejercer las funciones que le fueron conferidas conforme a la Ley del INEE). Con ello, se dijo, se impulsaría una calidad educativa que mejoraría en sí, prácticamente, a todo el Sistema Educativo Mexicano (SEM).

Recuerdo muy bien que por el 2012 y 2013, el debate se torno intenso entre investigadores, intelectuales, académicos, profesores y organizaciones civiles; todos sus argumentos, desde luego, emanados desde su conocimiento, ideología e interés político. A veces a favor, otras, en contra, pero lamentablemente no se prestó atención ni se escuchó a un actor que, por más que se diga lo contrario, resultó, resulta y resultará, fundamental en un proyecto de tal envergadura: el maestro.

La idea fue “mejorar la calidad de la educación” y punto. No hubo más, no hubo menos; y para lograr este propósito, se comenzó evaluando al maestro. No está por demás decirlo pero esta decisión, fue el mayor error que se cometió, puesto que como también sabemos (y quiero pensar que en ese entonces los integrantes del INEE también lo supieron), el conjunto de elementos que forman parte del SEM para el logro de dicha “calidad” educativa, son diversos. De ahí que “pensar” o tan sólo imaginar que se daría un paso monumental para alcanzar la meta prometida en cuanto a la calidad educativa se refiere, se convirtió en un sueño guajiro que, hasta el momento en que cierro estas líneas, sigue sin tener forma y sí escaso sentido.

Ahora bien, si de manera concreta usted me preguntara qué es lo que obtuvo con la evaluación docente del 2015 a la fecha, mi respuesta sería concreta: medianamente una “conquista” política por parte de la autoridad educativa. ¿Por qué afirmo esto? Porque a través de la evaluación se sometió al maestro. “Te evalúas o te vas”, prácticamente fue el eslogan que empleó Nuño para “controlar” al magisterio. En consecuencia, evaluación y política, fueron dos elementos clave mediante los cuales se agredió brutalmente al profesorado mexicano. ¿Por qué el discurso político no fue diferente? Sencillamente, había que darle un nombre al malo del cuento y, en este caso, tuvo que ser el maestro. Claro, el Sindicato ya estaba “vendido”.

¿Por qué no se reconoció y evidenció la serie de políticas erradas que los gobiernos panistas y priistas cometieron y, en lugar de ello, se arremetió contra el maestro?, ¿por qué no se reconoció y evidenció el lastre educativo que ha venido dejando el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)?, ¿por qué no se reconoció y evidenció el despilfarro de dinero que, desde el gobierno federal, se realizó en nombre de una “supuesta” calidad educativa?, ¿por qué se buscó un culpable, cuyo estado de indefensión, fue notorio al no contar con un Sindicato que defendiera sus derechos laborales?, ¿por qué se fabricó una película cuyo villano tuvo que ser quien se desempeñaba en las aulas, sin las condiciones mínimas necesarias, para el logro de su tarea educativa? La pregunta es por qué y la respuesta también lo es.

Así, ante tales cuestiones: ¿qué hizo el INEE? o, más bien, ¿qué hicieron los integrantes de ese Instituto cuya autonomía ha sido incierta desde su nacimiento? Cierto, a veces, generar propuestas para que la evaluación educativa se realizara conforme a criterios específicos (aunque no muy claros) para que la Secretaría de Educación Pública (SEP) los aplicara. Podríamos pensar entonces que su trabajo lo realizaron; sin embargo, no sé si usted recuerda, pero la aplicación de exámenes “militarizados” (lo defino así por la participación de las fuerzas de seguridad federales y locales en buena parte de las entidades), donde el estar sentados frente a un monitor para contestar una serie de preguntas que, muchas veces, diferían de lo que el maestro vivía en el aula, no puede ser catalogado, como un trabajo que permitiera valorar el quehacer docente y, por lo tanto, hablar de una mejora educativa y de la tan prometida calidad que, desde hace varios años, se viene anunciando, no es un logro que pudo haber tenido un gobierno o el propio Instituto.

¿Qué pasaría entonces si el INEE desapareciera? a) los integrantes de su Consejo dejarían ese trabajo y, con seguridad, se dedicarían a continuar con sus investigaciones que, dicho sea de paso, muchos hemos leído, analizado y debatido en nuestras clases; b) los maestros no vivirían presa de ese desasosiego que les significa salir sorteados para presentar su examen de desempeño, pero eso sí, realizando su trabajo; c) las autoridades educativas, tal vez, continuarían “simulando” trabajar en pro de esa calidad educativa; d) el SNTE retomaría las prácticas a las que por muchos años estuvo acostumbrado; e) organizaciones civiles, como Mexicanos Primero, continuarían impulsando su propia agenda de trabajo, etcétera, etcétera, etcétera… ¿Y los niños? Con seguridad padeciendo el lastre que las políticas educativas, esas malas políticas, vienen dejando desde hace muchos pero muchos años.

No, no se trata de desaparecer un Instituto por un asunto político-electorero, la educación va más allá de ello; se trata pues, de darle a cada cual lo que corresponde y hacer lo que a cada uno le corresponde; sin embargo, mientras el SEM en su conjunto no sea atendido como debiera atenderse, ni la evaluación, ni las políticas educativas, ni las autoridades educativas, ni las organizaciones civiles, podrán brindar o exigir una educación, ya no de calidad, sino pertinente a las demandas que el mundo nos plantea a cada instante.

Podemos tener el mejor esquema de evaluación, podemos tener el mejor examen para valorar el desempeño del docente, podemos tener al mejor Instituto de Evaluación, podemos tener al mejor Secretario de Educación, podemos tener al mejor Presidente de México, pero si no atendemos las grandes desigualdades sociales y eliminamos la corrupción que vive en México, todo será en vano, como hasta el momento así ha sido o… ¿acaso Nuño ha sido requerido por el Congreso o por alguna autoridad para que dé cuenta del dinero que utilizó de la SEP para posicionar su imagen?

Con negritas:

Desde que la evaluación se puso en marcha: ¿han ingresado los mejores maestros al SEM?, ¿se han atendido los “beneficios” que traerían consigo las promociones a cargos directivos?, ¿se ha evaluado el desempeño de los maestros?, ¿se está evaluando en México? Si las respuestas fueran afirmativas o negativas, qué y quiénes se han encargados de realizar esos estudios y cuál han sido sus resultados. Caray, curiosamente cuando termino estas líneas, sigo preguntándome: ¿por qué no se ha escuchado al maestro?

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Apuntes… El movimiento del 68 y la p(r)irámide cuarteada   

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385 Grados / Tlaxcala / Claudio Cirio Romero / A cincuenta años, estoy planteando la idea de que se puede, o se recomienda, leer al movimiento estudiantil en México de 1968 a través de una especie de montaje tipo “collage”, para mostrarlo en su complejidad a partir de las diferentes manifestaciones literarias, académicas y artísticas. Como puertas metafóricas de entrada a las múltiples explicaciones que se han dado de ello.  

Y una de las más sencillas para hacerlo, por atractiva en cierto modo es la que se construye desde el arte, como el teatro, la música o la plástica.

En esa búsqueda es que me encuentro con un trabajo del monero Luis Fernando (creador del ya célebre Yoni Latorta) titulado La pirámide cuarteada. Evocaciones del 68 (Resistencia, 2017).

Una novela gráfica autobiográfica, perdonaran la cacofonía, en la que el caricaturista ilustra su experiencia personal, contándonos esos meses en que se consideraba un “adolescente”, puesto que cumpliría 18 años en esas semanas de 1968, y entonces la mayoría de edad, es decir la ciudadanía, por ley, se alcanzaba hasta los 21.

Una delicia de dibujos, evidencia de la maestría del autor, ilustran la mayoría de las poco más de cien páginas, pulcramente impresas. Con una sencilla narración lineal, desde que el adolescente, protagonista y conspicuo diletante, nos cuenta lo que ve desde su cotidianidad de estudiante de dibujo, aquel verano que pensaba sería aburrido; hasta diciembre de aquel año en que queda formalmente disuelto el Consejo Nacional de Huelga y se da el regreso a clases. Con un salto al futuro final en el que el protagonista se pregunta: “«Que veinte años no son nada» dice el bardo uruguayo-francés-argentino. ¿50 sí?”

Ese adolescente cohibido que se esconde en una armadura medieval para que la chica que le gusta no lo vea sudar de nervios, que escucha “Lovely Rita” en el primer aniversario del “Sargento pimienta” de los Beatles y piensa en tener en sus manos “Waithing for the sun” (importado, claro), el disco más reciente de “The doors”; es visitado en sus sueños por Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, para dar cuenta de su divina presencia prehispánica que enjuiciará lo que en las calles del entonces Distrito Federal ocurrirá con la efervescencia estudiantil desatada por la represión, a partir del 22 de julio, por parte de los granaderos.

Así mientras “Tezca” y “Huitzi” lamentan que los rituales en su honor se hayan acabado, no así las “matanzas”, el adolescente se va informando de las protestas por las injusticias que ocurren por todo el mundo, como la Guerra de Vietnam. Así, entre lecturas de libros, revistas y comics, las idas al cine y las pláticas con su abuelo, va enterándose de la represión a politécnicos y universitarios en las calles de su ciudad.

Y en cierto modo entusiasmándose y hasta uniéndose a las respuestas, en forma de marchas multitudinarias y festivas de los estudiantes. Dándose cuenta que los periódicos y noticieros televisivos de la época no informaban lo que ocurría realmente, solapando los abusos de los granaderos y el ejército, claro bajo el mando de Díaz Ordaz. Mientras, los estudiantes respondían con brigadas y formas ingeniosas de hacer llegar su mensaje, por ejemplo elevando globos que al romperse arriba regaban volantes; o poniendo mensajes atados a los perros. Realmente tierno es ver esto último en los dibujos de Luis Fernando.

Cinco páginas de bien logradas imágenes, dan cuenta de la marcha del 27 de agosto que concluye en el Zócalo y la nueva represión. Pero a Luis Fernando le interesa destacar lo armonioso de la protesta con limpios dibujos, llenos de la esperanza que su espíritu juvenil captaba en el cenit del movimiento. Así, cuenta también la llamada Marcha del silencio del 13 de septiembre y menciona la escalada de violencia que llegará al trágico 2 de octubre, sin ilustrar en demasía la incursión del ejército a las escuelas.

Se enterará indignado de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas. El tratamiento que le da a la publicación de Quezada en Excélsior, es a mi gusto magistral: Lo humaniza poniéndole manos y pies golpeándose la cabeza y dando vueltas preguntando, “¿Los estudiantes dándole tiros a los soldados? ¡Absurdo!

Todavía recordará que el 12 de octubre se inauguraran las XIX Olimpiadas en CU y el estreno en su casa de la televisión a colores.

Considero que este libro es una buena forma para acercarse al tema para los jóvenes de hoy, sólo me intrigaba, el nombre de la novela, cosa que se despeja en la entrevista que presenta el número de este mes de octubre de la revista El Chamuco, el movimiento le hizo una cuarteadura, dice el monero, a “la pirámide que está encima de ti: el monolito del PRI”. De ahí el juego que me permito en el título de los Apuntes de hoy.

Nota al margen. A propósito del monero Luis Fernando, esta semana que concluye, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y el Museo del Estanquillo le han entregado el Tercer Reconocimiento de Caricatura “Gabriel Vargas”.

e- mail: ccirior@yahoo.com.mx

twiter: @ccirior

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