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Opinión

Opinión 385… El tigre siempre estuvo ahí…

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385 Grados / Abelardo Carro Nava / El tigre siempre estuvo ahí, sigiloso, al acecho de su presa. Su instinto natural surgió y la elección se definió.
Tuvo que esperar cinco largos años, padeciendo serios castigos –inmerecidos, por cierto–, pero sabedor de que algún día daría el golpe certero.
No, no se trató de un mal sueño; tampoco, de un imaginario que solo habita en la mente de quienes piensan que la vida es la misma para todos. Claro, no todos viven en floridos campos fértiles; claro, no todos han vivido las penurias que la naturaleza impone y, para las cuales, no hay clemencia, solo la estrepitosa realidad de haber nacido en mundos diferentes.
No, no se trató de una serie de pesadillas, continuas, atosigantes. Se trató pues de una serie de vejaciones, malos tratos y amargos sufrimientos. Su especie, aún sin estar en peligro de extinción, se vio una y otra vez atacada, denostada, agredida, sobajada, golpeada. El temor era evidente. No había forma de quitarse el yugo que lo estrangulaba. Sabía que la esperanza se hallaba mermada… pero aún confiaba.
¿Qué otra cosa podía hacer si sus posibilidades emancipadoras se veían constantemente atacadas por quiénes, en principio, deberían propiciarlas?, ¿qué otra cosa podía hacer si al menor intento, otros tantos más de su misma especie, eran desaparecidos o mutilados?, ¿qué otra cosa podía hacer si su rugido, cual clemencia que continuamente se lanza a los cuatro vientos, era completamente ignorado y apabullado por las armas que deberían protegerlo?
Acorralado y sin un dejo de libertad, simple y llanamente esperaba. Sí, esperaba. Sabía que el momento aún no llegaba y, sólo tal vez, la idea, la vaga idea de un futuro mejor por una pequeña abertura aún se asomaba. ¿Acaso no el instinto provoca la sobrevivencia del alma?, ¿acaso no el instinto genera la posibilidad de vislumbrar un mejor mañana?, ¿acaso no el instinto propicia el actuar sin temores y falsas esperanzas?
Sí, el tigre siempre estuvo ahí, al acecho, esperando el momento en que las condiciones naturales lo llevaran a mostrar su poderío, su fuerza inquebrantable, su espíritu inasequible. Sí, el tigre siempre estuvo ahí, agazapado, observando, midiendo el terreno, asegurando su ataque. Sabía pues, que la paciencia era el único elemento que lo llevaría a ganar la batalla. Desigual, por cierto, pero no había de otra: o esperaba o esperaba; y no era para menos, la serie de atroces sucesos que habían mostrado la crueldad existente en su hábitat, lo forjaron, lo calmaron, lo apaciguaron, momentáneamente, pero al menos, eso sí lograron.
Lo que jamás lograron, fue comprender ese instinto cuya esencia se circunscribe a la propia naturaleza y de lo que ella emana. Sí, una naturaleza que no vacila, no juega, no intenta. Simplemente ocurre, sucede, se manifiesta…
Y así fue, el momento llegó y la naturaleza actuó. El tigre, ese que por varios años se mantuvo agazapado, salió de la nada para demostrar que su fuerza es única, inigualable e incomparable. No hubo poder que lo detuviera. Las condiciones naturales estaban dadas y el tiempo había llegado.
No, no fue un instinto de venganza, rencor u odio. Se trató de un hecho natural que, cual río embravecido por la tormenta vuelve a la calma; después de varias tormentas, varios sinsabores, varios intentos fallidos, logró que el tigre retomara su curso, su andar, su camino. Un camino que, ciertamente está irreconocible, pero que puede ser reconstruido con mesura, prudencia y con calma. Esa calma que solamente otorga la tranquilidad del deber cumplido; porque si de algo estoy seguro, es que ese tigre, ese que estuvo oprimido, después de lo vivido, no volverá ni buscará lo mismo. ¿Por qué afirmo esto? Porque tengo claro que mientras ese tigre sea consciente de que él es él y sus circunstancias, nada, pero absolutamente nada, podrá envolverlo ni convencerlo de regresar a la prisión a la que fue sometido y, para ello, la educación que pueda recibir en diferentes espacios, será de vital importancia para lograr tal cometido.
Un cometido que, lejos de representar un gran desafío, resulta favorecedor para quiénes en ese hábitat, tenemos la gran fortuna de dedicarnos a la enseñanza.
Sí, el tigre siempre estuvo ahí, y ahí estará esperando…

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¿Qué intereses representa el diputado Ramiro Vivanco?

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385 Grados / Tlaxcala / Aurora Arenillas / ¿A qué intereses obedece la iniciativa del diputado local de Morena, Ramiro Vivanco Chedraui, para eliminar el tope máximo de endeudamiento público al que podrán acceder los municipios y el gobierno estatal?

Esta es una pregunta que debe hacerse la ciudadanía.

Analicemos.

El exdelegado de Semarnat en el sexenio de Enrique Peña Nieto subió a tribuna para proponer una reforma al artículo 101 de la Constitución local, a fin de eliminar el límite actual de deuda pública en municipios del 15 % y del Estado en 20 %, en relación a su presupuesto anual.

Además, planteó también la posibilidad de eliminar la restricción que establece que los gobiernos estatal y municipal no podrán contratar nuevos créditos si aún presentan saldos por cubrir.

Evidentemente, no es una propuesta financieramente responsable, aunque políticamente, sí representa beneficios particulares y de grupo.

El exgobernador José Antonio Álvarez Lima -hoy titular del Canal 11- fijó un duro posicionamiento cuando, durante la legislatura pasada, se modificaron los candados de endeudamiento, a efecto de darle mayor margen a las autoridades para adquirir préstamos bancarios y cumplir con compromisos de obra.

De entrada, manifestó que no había argumentos válidos ni razonables para que los municipios pidieran dinero prestado, ya que en Tlaxcala no hay realmente proyectos de desarrollo que exijan la contratación de deuda. Incluso, opinó que la medida, más allá de buscar el beneficio de la ciudadanía, era meramente populista.

“Ya tenemos muchos problemas en el país, como la corrupción o la ineficiencia financiera, para además agregar a ello las deudas”, dijo en amplia entrevista a un periódico de la entidad.

Y es que el ahora senador de Morena con licencia veía en dicha reforma que el endeudamiento sería un pretexto para no atender rubros sociales de importancia, ya que existiría un desorden financiero y un grave daño a las arcas que, por fortuna, en Tlaxcala aún no se conoce, justamente, porque el estado se ha distinguido por mantener deuda cero.

Ante este panorama, vale la pena preguntar: ¿a qué intereses obedece la iniciativa del diputado de Morena?

Mejor aún: ¿a quién representa Ramiro Vivanco en el Congreso local?

¿Será que estas incógnitas tienen que ver con el hecho de que el exfuncionario federal aún no presenta su 3de3?

Al abrir la puerta a la posibilidad de que los municipios se endeuden para financiar simples obras de urbanización, Vivanco Chedraui parece olvidar su paso por la Semarnat, ya que ese es el primer paso para seguir favoreciendo el crecimiento desordenado en las comunas.

Por ejemplo, quienes lotifican sus terrenos deberían estar obligados a proporcionar los servicios de agua potable, electrificación, drenaje, guarniciones, banquetas, y áreas verdes, entre otras. Sin embargo, hay ediles que fungen como almas de la caridad y se ponen a cubrir estas obras con dinero proveniente de las contribuciones del erario, desatendiendo las prioridades sociales.

¿Acaso el diputado local no se ha puesto a pensar que, autorizar a las comunas un endeudamiento sin reglas claras es, no solo el inicio de un desastre financiero como advirtió Álvarez Lima, sino también la generación de espacios de corrupción para que, entre otras cosas, se hagan negocios en contubernio con autoridades locales?

Suena bonito que el endeudamiento sea la puerta fácil para cumplir con los compromisos que los presidentes municipales adquirieron en campaña, pero es ingenuo pensar que tales “compromisos” estén alineados a las demandas de la población o siquiera plasmadas en sus planes de desarrollo. Basta ver el estado de sus cuentas públicas para notar que la eficiencia y la eficacia en la aplicación de los recursos públicos es por demás deficientes y hasta sospechoso.

Comentarios: arenillas87@hotmail.com

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Bienvenida la abrogación de la reforma educativa

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385 Grados / Abelardo Carro Nava / Aún tengo en la memoria las imágenes de cientos de maestros humillados, sobajados, menospreciados y agredidos por las evaluaciones militarizadas y punitivas que, en el sexenio peñista, se aplicaron a cientos de docentes a lo largo y ancho del territorio mexicano. Tal bajeza, según se dijo, era necesaria, pues para lograr la tan anhelada calidad educativa del intricado Sistema Educativo Mexicano (SEM), había que utilizar todos los recursos del Estado contra aquel que osara manifestar su rechazo, ante una reforma que colocaría a nuestro país en los cuernos de la luna.

En su momento, los partidos que pomposamente sellaron y aplaudieron incansablemente las reformas estructurales, entre ellas la educativa, poco hicieron para detener la salvaje denostación y desprecio que Peña Nieto y Aurelio Nuño, cometieron en contra de una de las profesiones más nobles que puede existir en el mundo: la docencia. Claro, lo importante era recuperar la rectoría de la educación y, para ello, era necesario contar con el apoyo de los partidos políticos puesto que éstos “representaban al pueblo”.

A la par que esto sucedía, algunas organizaciones civiles que, en su discurso, pugnaban porque la educación de millones de niños y jóvenes que asistían a las escuelas, fuera un derecho y un derecho que asegurara esa educación de calidad, se regocijaban con la aplicación de evaluaciones a diestra y siniestra, pues para ellos, evaluar y evaluar y evaluar, era el punto de partida para que se lograra esa efímera y subjetiva “calidad” que tanto hacía falta en México. Claro, no había más, la empresa y las escuelas, eran símiles y, por lo tanto, los maestros y maestras, obreros.

Indudablemente, algunos apreciables colegas, reconocidos investigadores, prestigiados académicos, entre otros, aplaudieron la autonomía que se le otorgó al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), pues ese mismo ímpetu reformador que se deprendió de un presidente cuya popularidad se hizo mayúscula, más por su apariencia que por su inteligencia, hizo creer que las cosas cambiarían de la noche a la mañana. Soberbia y más soberbia. Claro, las atribuciones constitucionales y legales les hicieron pensar, a sus consejeros, que gozarían de un fuero que, cual diputados y senadores de esa y anteriores legislaturas, les permitiría hacer y deshacer lo que quisieran. Al parecer, el poder sería eterno.

Y qué decir del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), fiel o, mejor dicho, siempre fiel a sus usos y costumbres, se alineó al nuevo gobierno. Claro, La Maestra ya estaba tras las rejas y qué sentido tenía oponerse a lo que en su momento se llamó Pacto por México, qué sentido tenía defender los derechos laborales de los trabajadores de la educación, al fin y al cabo, la educación, según se dijo, era lo primero, y las reformas a los artículos 3º y 73º constitucionales, para ellos, fueron lo de menos. Claro, la permanencia en el servicio de sus dirigentes, nunca estuvo en juego.

Hoy día, algunas cosas han cambiado. Insisto, solo algunas, puesto que el vendaval de sucesos que ha traído consigo el triunfo de la izquierda en México, nos ha metido en una vorágine que, como alguien bien diría: es cosa de locos. Y es que mire usted:

El SNTE sigue siendo fiel a sus usos y costumbres y busca, a toda costa, alinearse con el nuevo gobierno. ¿Qué ha cambiado en ellos? La respuesta es sencilla: el discurso. Claro, los tiempos no están para no hablar de la defensa de los derechos de los trabajadores de la educación. Claro, los tiempos no están para que la dirigencia nacional no busque legitimarse ante sus agremiados. Claro, los tiempos no están para perder todas la prebendas y canonjías que han ganado y, mucho menos, para que Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ni los Maestros Por México (MxM), les coman el mandado.

Por lo que respecta a mis apreciables colegas, reconocidos investigadores y prestigiados académicos que, en su momento, se regocijaron con la autonomía del INEE y de las evaluaciones en el magisterio, quiero pensar que, en estos días, han comprendido lo que significa “ser oposición”. De hecho, en estos días, he visto cómo es que se han formado ciertos grupos y redes de académicos cuya intención es de loable. Caray, en un país como el nuestro, todas las voces deben ser escuchadas y, perdón, en días pasados en las audiencias públicas que en San Lázaro se efectuaron, se escucharon esas voces; pregunto: ¿sucedió lo mismo con Peña Nieto y Aurelio Nuño? Una más, ¿por qué ninguno de esos estimados colegas cuestionó el papel que ha jugado Guevara Niebla, ex consejero del INEE, en la propuesta que ha lanzado el gobierno federal encabezado por AMLO? ¿Secretum foedus? En fin.

Y qué se puede decir de las organizaciones civiles que allá por el 2012 vivieron su esplendor con la llegada de Peña Nieto al poder. Hoy día, no encuentran cabida. Siguen buscando cómo lograr incidir en las políticas educativas desde su trinchera; sin embargo, esa trinchera, se ha quedado sin reservas. Valdría la pena lanzar un nuevo documental titulado: La Educación en Tiempos de Nuño: el despilfarro de los recursos del pueblo. Sería un éxito, lo aseguro.

Por lo que respecta a la propuesta que lanzaron los partidos políticos integrados por aquellos que en su momento apoyaron y aprobaron la reforma educativa en 2013, qué puede decirse. No han logrado entender que en el terreno político ya perdieron, y en el plano educativo, hablar de una involución educativa y una regresión al pasado, suena tan irrisorio como pensar que el hombre se baña dos veces en el mismo río.

¿Y el magisterio?, ¿y los maestros y maestras?, ¿qué ha pasado con ellos? Sin profundizar al respecto responderé que, inequívocamente, siguen padeciendo el lastre que dejó la reforma educativa del 2013, tanto en el plano laboral como en el educativo. Sí, así de simple y así de complejo. Por ello, es que efectivamente, le doy la bienvenida a la abrogación de esa mal llamada reforma educativa y, al mismo tiempo, exijo que el nuevo gobierno federal trabaje para que el magisterio mexicano, cuente con todas las condiciones habidas y por haber, para que éste realice su función en el ámbito que le corresponde.

Actualmente hay infinidad de problemas administrativos, pero también, hay incontables problemas (de todo tipo) en las escuelas que afectan la educación que deben o deberían recibir los niños, jóvenes y adultos. La tarea no es fácil; hace falta de la política para el logro de este propósito, no lo niego, pero propongo: que los políticos atiendan la política y los pedagogos, esos que no son otros sino los verdaderos maestros y maestras en las escuelas, participemos en la construcción de un modelo que encuentre sentido en nuestras aulas y en nuestras escuelas. Es una ecuación muy sencilla cuyos resultados pueden ser fructíferos. Partir desde el ámbito escolar y no desde un escritorio, puede ser benéfico para la educación en su conjunto.

En suma, calidad y excelencia, como parte de una política neoliberal, se lee y suena bonito, pero lo que el magisterio necesita es, menos palabras bonitas y más apoyo (de todo tipo) para que éste cumpla con su función, como siempre ha sido.

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LOS SUPERDELEGADOS Por Aurora Arenillas

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Esta semana, dos fuentes periodísticas pusieron en tela de juicio el papel de los llamados “súperdelegados”. Primero fue un reportaje del periódico Excélsior, en el que se les califica como “un naufragio en los estados”, porque, además de que en su mayoría mantienen un bajo perfil, carecen de potestades. Y es que, aunque se supone que sus cargos son meramente administrativos, lo cierto es que no se tiene claridad sobre el rumbo de su función y desempeño. Por otra parte, encontramos la colaboración del columnista José Luis Camacho Acevedo en SDP Noticias, quien además de coincidir con el diagnóstico de Excélsior, advierte el papel político de los representantes del gobierno federal en las entidades federativas. Opina, y con justa razón, que en el mejor de los casos se han convertido en acérrimos críticos locales, lo que sugiere que, en esa dinámica, desatienden sus responsabilidades administrativas. Es decir, se dedican más a la grilla que al trabajo institucional, y para ejemplo está el denominado Censo del Bienestar, que no es otra cosa que un superpadrón de beneficiarios de los programas sociales del gobierno federal. Desde el mes de septiembre, el entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador convocó a sus 32 superdelegados a vigilar la ayuda asistencial, y para ello, se instruyó el levantamiento de un censo en el que ciudadanos voluntarios, llamados “servidores de la nación”, irían casa por casa para identificar a la población susceptible de apoyo oficial. Sin embargo, a finales de diciembre, el ya presidente constitucional tuvo que jalar orejas y urgir la pronta conclusión de este supercenso, porque ofreció que al término de sus primeros 100 días de gobierno iniciaría la distribución de recursos federales. De hecho, dio como plazo el 26 de enero para tal propósito, y la realidad es que, según el presidente solo tres estados han cumplido. En Tlaxcala, la coordinadora estatal de programas de desarrollo, Lorena Cuéllar Cisneros, generó altas expectativas, debido a su protagonismo mediático. Pero la realidad es que, de acuerdo a medios como El Universal, Tlaxcala apenas iba a llegar al 50% de avance, mientras que la oficina de la superdelegada asegura que ya se rebasó el 80%. Tal circunstancia hace suponer que el levantamiento lleva importantes sesgos, a falta de estrategia y logística para realizarlo con rigor. Por un lado, los servidores de la nación son voluntarios, y sus resultados carecerían de mínimos de exigencia; por otro, el interés de Lorena Cuéllar de involucrar a diputados locales, y hasta presidentes de comunidad, en este proceso, advierte no solo incapacidad, sino desesperación por cumplir con una lejana meta. El punto de agotamiento llegó cuando el personal de la Coordinación Estatal de plano llamó a la ciudadanía interesada a acercarse para ser inscrita. En teoría, en el mes de marzo, la Secretaría del Bienestar debe iniciar la distribución de los programas, pero pensar que se cumplió con el escenario ideal de empadronamiento es un verdadero sueño guajiro. Y la explicación la ofrece Excélsior: “En su papel de superdelegada, Lorena Cuéllar ha dejado entrever una actitud revanchista con el actual gobernador, con el que hasta el momento sólo se ha reunido un par de ocasiones”. En efecto, aún y cuando el Presidente López Obrador ha convocado a la suma, a la conciliación, y al trabajo en equipo, la actitud de la superdelegada está muy lejos de ello. Ni administra bien ni hace buena política. Comentarios: arenillas87@hotmail.com

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