Connect with us

Opinión

Primer periodo evaluativo: el teléfono descompuesto de la SEP

Publicado

en

385 Grados / Tlaxcala / Abelardo Carro Nava / En los últimos días, he conocido y escuchado las inquietudes, preocupaciones e incertidumbres que privan en buena parte de los docentes que laboran en preescolar, primaria y secundaria. ¿El motivo? Tiene que ver con el informe de calificaciones que los profesores, habrán de requisitar y “entregar” en los próximos días, con el propósito de dar cumplimiento a lo estipulado en el Acuerdo 12/05/18 (por el que se establecen las normas generales para la evaluación de los aprendizajes esperados, acreditación, regularización, promoción y certificación de los educandos de la educación básica), puesto que como se recordará, dicho acuerdo al dejar sin efecto el 696, prioriza el trabajo que se viene realizando en las escuelas de educación básica, conforme a lo dispuesto en el modelo educativo 2017.
Así, más allá de las temporalidades en cuanto a la planificación y evaluación que comprende el Plan 2011 aún vigente en 3º, 4º, 5º y 6º grado de primaria o, en 2º y 3º de secundaria, la verdad de las cosas es que, lo que se vive en este nivel educativo (el de básica), es algo que he denominado un verdadero “teléfono descompuesto”. Me explico.
La semana pasada, en este y otros espacios que tan amablemente comparten algunas de mis ideas, publiqué el artículo “Evaluación del 1er. Trimestre: ¿una tarea esclavizante para los maestros?”; mismo que generó algunas opiniones importantes e interesantes y que, más allá de estar en contra o a favor del contenido en dicho artículo, evidenciaron lo que es una realidad en el Sistema Educativo Mexicano (SEM): la desinformación que prevalece en sus distintos niveles. Tal parece entonces que ese “teléfono descompuesto” al que hago referencia en el presente texto, adquiere notoriedad y certeza, sobre todo, cuando las cosas no se hacen como debieran hacerse; y es que mire usted, la Secretaría de Educación Pública (SEP), particularmente en este sexenio, se ha caracterizado por estar lejos o muy lejos de lo que cada maestro y maestra de México vive en sus propios espacios, en sus escuelas y en sus salones de clase.
Como seguramente usted sabrá, en algunas zonas escolares existe información puntual, precisa y oportuna, sobre lo que implica la implementación del modelo educativo 2017 o, en este caso, de lo que conlleva la evaluación de los estudiantes en su primer periodo o en su primer trimestre (me gustaría que me compartiera sus experiencias); sin embargo, hay que reconocer, que también se hace presente el otro escenario, aquel que está relacionado con la falta de claridad, omisión u opacidad por parte de la autoridad educativa en turno, ya sea del centro de trabajo, del supervisor de zona o del jefe de sector. Vaya, en estos días, repito, en que he estado conversando y escuchando a algunos maestros de ese nivel educativo, expresiones como las que a continuación le expongo, han sido una muestra de lo que vive el profesorado en México: “hay que llenar el formato tal y como lo indicó el director de la escuela”; “hay que organizarnos, como docentes, para ver qué incluiremos en las recomendaciones que el formato exige”; “hay que esperar a que abran la plataforma para ver de cuántos caracteres está integrado el espacio para realizar los comentarios o recomendaciones”, entre otras.
Ciertamente generalizar sobre esta serie de expresiones no es del todo correcto, porque precisamente, repito, hay espacios en los que lo contrario a estas expresiones es evidente; y que bueno que sea así, que existan profesores y autoridades educativas que se preocupan y ocupan por realizar su quehacer educativo de la mejor forma; no obstante, permítame subrayar que, no es el común ni es lo que prevalece en el territorio mexicano, lo cual me lleva a reafirmar esa idea del “teléfono descompuesto” que expongo y a formular algunas interrogantes: ¿por qué si la evaluación, tal y como lo señala el Acuerdo 12/05/18 se fundamenta en la observación y el registro de lo que acontece en el aula y en los alumnos, los profesores deben llenar un formato con las indicaciones que el director, supervisor, jefe de sector o, en el mejor de los casos, que el asesor técnico pedagógico les ha brindado?, ¿por qué si la evaluación, tal y como lo señala el Acuerdo, es formativa, ésta debe responder a criterios administrativos y no pedagógicos y didácticos que se viven en el aula?, ¿por qué si la evaluación permite obtener información para una futura toma de decisiones (por parte del docente), ésta debe limitarse a expresar una recomendación en un renglón y medio?, ¿por qué si la evaluación se desprende de un proceso pedagógico que acontece en un espacio y momento determinado, se limita y reduce a una cuestión meramente administrativa?, ¿por qué si la evaluación es fundamental para reconocer logros y dificultades, no se acompaña de una debida capacitación y profesionalización del profesorado mexicano?, por qué si la evaluación es fundamental para comprender el fenómeno educativo, la SEP pero, sobre todo, las entidades federativas, no manejan la misma información con la idea de que ese “teléfono descompuesto” no arroje resultados que poco a nada tienen que ver con lo que tiene presupuestado?
Ahora bien, por lo que toca a las valoraciones y orientaciones que el docente debe colocar en el informe de calificaciones (parcial), el Acuerdo menciona que éstas deben estar sustentadas en las estrategias e instrumentos de evaluación que el profesor haya implementado con la finalidad de valorar el logro de los aprendizajes esperados; hecho que implica, llevar un proceso sistemático a través del cual, se obtenga la información que le permita realizar, por alumno, esa valoración sobre sus logros y dificultades a lo largo de un periodo determinado. Proceso sistemático que, no es nada sencillo, sobre todo, por la carga administrativa que hoy día al docente se le ha impuesto. Vaya, para nadie es desconocido que, en la “llenadera” de formatos, en la impartición de los clubes, en la planificación diaria, en la elaboración de sus respectivos materiales didácticos, en la atención de los padres de familia, en la ejecución de cada una de sus comisiones asignadas, además del pensamiento que realizan para identificar el proceso a través del cual sus estudiantes lograrán sus aprendizajes a lo largo del día, semana, mes, el tiempo que le queda al docente para sistematizar la información, recuperar evidencias (tangibles e intangibles) y evaluar a sus alumnos, es poco o muy poco. ¿Hablamos de sistematización entonces?
Sí, la evaluación es fundamental y necesaria porque contribuye a ese desarrollo de las facultades de los seres humanos. Sí, esa evaluación, requiere de procesos sistemáticos y ordenados que le permitan al docente valorar su trabajo y el que vienen realizando sus alumnos. Sí, la evaluación es importante como también lo es, una educación integral en la que todos los actores involucrados participen activamente en el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Lamentablemente, no todos están viendo la evaluación de esta forma; la SEP tiene responsabilidad en ello, pero también, las condiciones que se viven en cada uno de los espacios escolares, por ejemplo: aquel docente de secundaria que tiene 6 o 7 grupos de 35 o 40 alumnos y que, por obvias razones, tiene que atender porque el personal no es suficiente para que compartan el trabajo de una asignatura de español, por ejemplo. ¿Se imagina lo que tendrá que realizar el docente para evaluar a más de 200 alumnos?, ¿y su planeación?, ¿y su sistematización?… ¿y sus demás actividades, la familia, por ejemplo?
Por lo que toca los clubes y las áreas de desarrollo personal y social, éste es un tema que me gustaría abordar en otro momento porque, aunque son parte de la evaluación que en este momento se tiene que realizar, desafortunadamente, en muchas escuelas, el trabajo aislado y la poca integración del personal para lograr proyectos integradores, no permite avanzar hacia el logro de los aprendizajes que el alumno requiere. Eso sí, los profesores frente a grupo se esfuerzan para abordar los aprendizajes clave y esperados que marcan los campos de formación académica, pero… ¿y el trabajo “integrador” dónde queda?
En suma, sí hay un teléfono descompuesto, y éste se ha dado gracias a la SEP y a la falta de una estrategia que le permita al maestro, contar con información certera y acorde a las necesidades que su contexto, su escuela, su aula y sus alumnos requieren.

Continuar leyendo
Haz click para comentar

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

¿Qué intereses representa el diputado Ramiro Vivanco?

Publicado

en

385 Grados / Tlaxcala / Aurora Arenillas / ¿A qué intereses obedece la iniciativa del diputado local de Morena, Ramiro Vivanco Chedraui, para eliminar el tope máximo de endeudamiento público al que podrán acceder los municipios y el gobierno estatal?

Esta es una pregunta que debe hacerse la ciudadanía.

Analicemos.

El exdelegado de Semarnat en el sexenio de Enrique Peña Nieto subió a tribuna para proponer una reforma al artículo 101 de la Constitución local, a fin de eliminar el límite actual de deuda pública en municipios del 15 % y del Estado en 20 %, en relación a su presupuesto anual.

Además, planteó también la posibilidad de eliminar la restricción que establece que los gobiernos estatal y municipal no podrán contratar nuevos créditos si aún presentan saldos por cubrir.

Evidentemente, no es una propuesta financieramente responsable, aunque políticamente, sí representa beneficios particulares y de grupo.

El exgobernador José Antonio Álvarez Lima -hoy titular del Canal 11- fijó un duro posicionamiento cuando, durante la legislatura pasada, se modificaron los candados de endeudamiento, a efecto de darle mayor margen a las autoridades para adquirir préstamos bancarios y cumplir con compromisos de obra.

De entrada, manifestó que no había argumentos válidos ni razonables para que los municipios pidieran dinero prestado, ya que en Tlaxcala no hay realmente proyectos de desarrollo que exijan la contratación de deuda. Incluso, opinó que la medida, más allá de buscar el beneficio de la ciudadanía, era meramente populista.

“Ya tenemos muchos problemas en el país, como la corrupción o la ineficiencia financiera, para además agregar a ello las deudas”, dijo en amplia entrevista a un periódico de la entidad.

Y es que el ahora senador de Morena con licencia veía en dicha reforma que el endeudamiento sería un pretexto para no atender rubros sociales de importancia, ya que existiría un desorden financiero y un grave daño a las arcas que, por fortuna, en Tlaxcala aún no se conoce, justamente, porque el estado se ha distinguido por mantener deuda cero.

Ante este panorama, vale la pena preguntar: ¿a qué intereses obedece la iniciativa del diputado de Morena?

Mejor aún: ¿a quién representa Ramiro Vivanco en el Congreso local?

¿Será que estas incógnitas tienen que ver con el hecho de que el exfuncionario federal aún no presenta su 3de3?

Al abrir la puerta a la posibilidad de que los municipios se endeuden para financiar simples obras de urbanización, Vivanco Chedraui parece olvidar su paso por la Semarnat, ya que ese es el primer paso para seguir favoreciendo el crecimiento desordenado en las comunas.

Por ejemplo, quienes lotifican sus terrenos deberían estar obligados a proporcionar los servicios de agua potable, electrificación, drenaje, guarniciones, banquetas, y áreas verdes, entre otras. Sin embargo, hay ediles que fungen como almas de la caridad y se ponen a cubrir estas obras con dinero proveniente de las contribuciones del erario, desatendiendo las prioridades sociales.

¿Acaso el diputado local no se ha puesto a pensar que, autorizar a las comunas un endeudamiento sin reglas claras es, no solo el inicio de un desastre financiero como advirtió Álvarez Lima, sino también la generación de espacios de corrupción para que, entre otras cosas, se hagan negocios en contubernio con autoridades locales?

Suena bonito que el endeudamiento sea la puerta fácil para cumplir con los compromisos que los presidentes municipales adquirieron en campaña, pero es ingenuo pensar que tales “compromisos” estén alineados a las demandas de la población o siquiera plasmadas en sus planes de desarrollo. Basta ver el estado de sus cuentas públicas para notar que la eficiencia y la eficacia en la aplicación de los recursos públicos es por demás deficientes y hasta sospechoso.

Comentarios: arenillas87@hotmail.com

Continuar leyendo

Opinión

Bienvenida la abrogación de la reforma educativa

Publicado

en

385 Grados / Abelardo Carro Nava / Aún tengo en la memoria las imágenes de cientos de maestros humillados, sobajados, menospreciados y agredidos por las evaluaciones militarizadas y punitivas que, en el sexenio peñista, se aplicaron a cientos de docentes a lo largo y ancho del territorio mexicano. Tal bajeza, según se dijo, era necesaria, pues para lograr la tan anhelada calidad educativa del intricado Sistema Educativo Mexicano (SEM), había que utilizar todos los recursos del Estado contra aquel que osara manifestar su rechazo, ante una reforma que colocaría a nuestro país en los cuernos de la luna.

En su momento, los partidos que pomposamente sellaron y aplaudieron incansablemente las reformas estructurales, entre ellas la educativa, poco hicieron para detener la salvaje denostación y desprecio que Peña Nieto y Aurelio Nuño, cometieron en contra de una de las profesiones más nobles que puede existir en el mundo: la docencia. Claro, lo importante era recuperar la rectoría de la educación y, para ello, era necesario contar con el apoyo de los partidos políticos puesto que éstos “representaban al pueblo”.

A la par que esto sucedía, algunas organizaciones civiles que, en su discurso, pugnaban porque la educación de millones de niños y jóvenes que asistían a las escuelas, fuera un derecho y un derecho que asegurara esa educación de calidad, se regocijaban con la aplicación de evaluaciones a diestra y siniestra, pues para ellos, evaluar y evaluar y evaluar, era el punto de partida para que se lograra esa efímera y subjetiva “calidad” que tanto hacía falta en México. Claro, no había más, la empresa y las escuelas, eran símiles y, por lo tanto, los maestros y maestras, obreros.

Indudablemente, algunos apreciables colegas, reconocidos investigadores, prestigiados académicos, entre otros, aplaudieron la autonomía que se le otorgó al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), pues ese mismo ímpetu reformador que se deprendió de un presidente cuya popularidad se hizo mayúscula, más por su apariencia que por su inteligencia, hizo creer que las cosas cambiarían de la noche a la mañana. Soberbia y más soberbia. Claro, las atribuciones constitucionales y legales les hicieron pensar, a sus consejeros, que gozarían de un fuero que, cual diputados y senadores de esa y anteriores legislaturas, les permitiría hacer y deshacer lo que quisieran. Al parecer, el poder sería eterno.

Y qué decir del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), fiel o, mejor dicho, siempre fiel a sus usos y costumbres, se alineó al nuevo gobierno. Claro, La Maestra ya estaba tras las rejas y qué sentido tenía oponerse a lo que en su momento se llamó Pacto por México, qué sentido tenía defender los derechos laborales de los trabajadores de la educación, al fin y al cabo, la educación, según se dijo, era lo primero, y las reformas a los artículos 3º y 73º constitucionales, para ellos, fueron lo de menos. Claro, la permanencia en el servicio de sus dirigentes, nunca estuvo en juego.

Hoy día, algunas cosas han cambiado. Insisto, solo algunas, puesto que el vendaval de sucesos que ha traído consigo el triunfo de la izquierda en México, nos ha metido en una vorágine que, como alguien bien diría: es cosa de locos. Y es que mire usted:

El SNTE sigue siendo fiel a sus usos y costumbres y busca, a toda costa, alinearse con el nuevo gobierno. ¿Qué ha cambiado en ellos? La respuesta es sencilla: el discurso. Claro, los tiempos no están para no hablar de la defensa de los derechos de los trabajadores de la educación. Claro, los tiempos no están para que la dirigencia nacional no busque legitimarse ante sus agremiados. Claro, los tiempos no están para perder todas la prebendas y canonjías que han ganado y, mucho menos, para que Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ni los Maestros Por México (MxM), les coman el mandado.

Por lo que respecta a mis apreciables colegas, reconocidos investigadores y prestigiados académicos que, en su momento, se regocijaron con la autonomía del INEE y de las evaluaciones en el magisterio, quiero pensar que, en estos días, han comprendido lo que significa “ser oposición”. De hecho, en estos días, he visto cómo es que se han formado ciertos grupos y redes de académicos cuya intención es de loable. Caray, en un país como el nuestro, todas las voces deben ser escuchadas y, perdón, en días pasados en las audiencias públicas que en San Lázaro se efectuaron, se escucharon esas voces; pregunto: ¿sucedió lo mismo con Peña Nieto y Aurelio Nuño? Una más, ¿por qué ninguno de esos estimados colegas cuestionó el papel que ha jugado Guevara Niebla, ex consejero del INEE, en la propuesta que ha lanzado el gobierno federal encabezado por AMLO? ¿Secretum foedus? En fin.

Y qué se puede decir de las organizaciones civiles que allá por el 2012 vivieron su esplendor con la llegada de Peña Nieto al poder. Hoy día, no encuentran cabida. Siguen buscando cómo lograr incidir en las políticas educativas desde su trinchera; sin embargo, esa trinchera, se ha quedado sin reservas. Valdría la pena lanzar un nuevo documental titulado: La Educación en Tiempos de Nuño: el despilfarro de los recursos del pueblo. Sería un éxito, lo aseguro.

Por lo que respecta a la propuesta que lanzaron los partidos políticos integrados por aquellos que en su momento apoyaron y aprobaron la reforma educativa en 2013, qué puede decirse. No han logrado entender que en el terreno político ya perdieron, y en el plano educativo, hablar de una involución educativa y una regresión al pasado, suena tan irrisorio como pensar que el hombre se baña dos veces en el mismo río.

¿Y el magisterio?, ¿y los maestros y maestras?, ¿qué ha pasado con ellos? Sin profundizar al respecto responderé que, inequívocamente, siguen padeciendo el lastre que dejó la reforma educativa del 2013, tanto en el plano laboral como en el educativo. Sí, así de simple y así de complejo. Por ello, es que efectivamente, le doy la bienvenida a la abrogación de esa mal llamada reforma educativa y, al mismo tiempo, exijo que el nuevo gobierno federal trabaje para que el magisterio mexicano, cuente con todas las condiciones habidas y por haber, para que éste realice su función en el ámbito que le corresponde.

Actualmente hay infinidad de problemas administrativos, pero también, hay incontables problemas (de todo tipo) en las escuelas que afectan la educación que deben o deberían recibir los niños, jóvenes y adultos. La tarea no es fácil; hace falta de la política para el logro de este propósito, no lo niego, pero propongo: que los políticos atiendan la política y los pedagogos, esos que no son otros sino los verdaderos maestros y maestras en las escuelas, participemos en la construcción de un modelo que encuentre sentido en nuestras aulas y en nuestras escuelas. Es una ecuación muy sencilla cuyos resultados pueden ser fructíferos. Partir desde el ámbito escolar y no desde un escritorio, puede ser benéfico para la educación en su conjunto.

En suma, calidad y excelencia, como parte de una política neoliberal, se lee y suena bonito, pero lo que el magisterio necesita es, menos palabras bonitas y más apoyo (de todo tipo) para que éste cumpla con su función, como siempre ha sido.

Continuar leyendo

Opinión

LOS SUPERDELEGADOS Por Aurora Arenillas

Publicado

en

Esta semana, dos fuentes periodísticas pusieron en tela de juicio el papel de los llamados “súperdelegados”. Primero fue un reportaje del periódico Excélsior, en el que se les califica como “un naufragio en los estados”, porque, además de que en su mayoría mantienen un bajo perfil, carecen de potestades. Y es que, aunque se supone que sus cargos son meramente administrativos, lo cierto es que no se tiene claridad sobre el rumbo de su función y desempeño. Por otra parte, encontramos la colaboración del columnista José Luis Camacho Acevedo en SDP Noticias, quien además de coincidir con el diagnóstico de Excélsior, advierte el papel político de los representantes del gobierno federal en las entidades federativas. Opina, y con justa razón, que en el mejor de los casos se han convertido en acérrimos críticos locales, lo que sugiere que, en esa dinámica, desatienden sus responsabilidades administrativas. Es decir, se dedican más a la grilla que al trabajo institucional, y para ejemplo está el denominado Censo del Bienestar, que no es otra cosa que un superpadrón de beneficiarios de los programas sociales del gobierno federal. Desde el mes de septiembre, el entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador convocó a sus 32 superdelegados a vigilar la ayuda asistencial, y para ello, se instruyó el levantamiento de un censo en el que ciudadanos voluntarios, llamados “servidores de la nación”, irían casa por casa para identificar a la población susceptible de apoyo oficial. Sin embargo, a finales de diciembre, el ya presidente constitucional tuvo que jalar orejas y urgir la pronta conclusión de este supercenso, porque ofreció que al término de sus primeros 100 días de gobierno iniciaría la distribución de recursos federales. De hecho, dio como plazo el 26 de enero para tal propósito, y la realidad es que, según el presidente solo tres estados han cumplido. En Tlaxcala, la coordinadora estatal de programas de desarrollo, Lorena Cuéllar Cisneros, generó altas expectativas, debido a su protagonismo mediático. Pero la realidad es que, de acuerdo a medios como El Universal, Tlaxcala apenas iba a llegar al 50% de avance, mientras que la oficina de la superdelegada asegura que ya se rebasó el 80%. Tal circunstancia hace suponer que el levantamiento lleva importantes sesgos, a falta de estrategia y logística para realizarlo con rigor. Por un lado, los servidores de la nación son voluntarios, y sus resultados carecerían de mínimos de exigencia; por otro, el interés de Lorena Cuéllar de involucrar a diputados locales, y hasta presidentes de comunidad, en este proceso, advierte no solo incapacidad, sino desesperación por cumplir con una lejana meta. El punto de agotamiento llegó cuando el personal de la Coordinación Estatal de plano llamó a la ciudadanía interesada a acercarse para ser inscrita. En teoría, en el mes de marzo, la Secretaría del Bienestar debe iniciar la distribución de los programas, pero pensar que se cumplió con el escenario ideal de empadronamiento es un verdadero sueño guajiro. Y la explicación la ofrece Excélsior: “En su papel de superdelegada, Lorena Cuéllar ha dejado entrever una actitud revanchista con el actual gobernador, con el que hasta el momento sólo se ha reunido un par de ocasiones”. En efecto, aún y cuando el Presidente López Obrador ha convocado a la suma, a la conciliación, y al trabajo en equipo, la actitud de la superdelegada está muy lejos de ello. Ni administra bien ni hace buena política. Comentarios: arenillas87@hotmail.com

Continuar leyendo

Trending