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Opinión

Más allá de las reformas educativas está el maestro…

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385 Tlaxcala / Abelardo Carro Nava / Desde que ingresé al magisterio, hace poco más de dos décadas, muchos temas me han preocupado y ocupado, pero uno en particular, me ha quitado más de una vez el sueño: mi desempeño.

Con seguridad, al igual que muchos de los maestros y maestras de nuestro país, la incertidumbre, en cierto momento, se ha a apoderado de mi mente: ¿estaré haciendo bien mi trabajo?, ¿mis estudiantes estarán aprendiendo conforme a las estrategias didácticas que diseño?, ¿de qué manera habrá influido mi ejercicio docente en la vida de cada uno de los pequeños?, ¿qué habrá sido de ellos? Sí, una y mil preguntas han llegado a estrellarse en mi cabeza cada vez que me pienso.

Generalmente, pasados estos instantes de autocrítica, reflexión y toma de decisiones, viene la calma. Una calma que, en algún momento se acompaña de ciertas circunstancias que me han llevado a confirmar que, probablemente, el trabajo que realizo en el aula está rindiendo los frutos esperados o, por el contrario, que mi quehacer no ha sido lo que esperaba.

¿Cuántos de nosotros, los que nos dedicamos a la docencia, no nos hemos encontrado a un ex alumno que ya es médico, ingeniero, abogado, arquitecto o maestro?, ¿cuántos de nosotros, que nos dedicamos a la docencia, no nos habremos enterado que cierto ex alumno dejó la escuela para incorporarse al mercado laboral porque sus circunstancias y las de sus familiares lo llevaron a ello?, ¿cuántos de nosotros, que nos dedicamos a la docencia, no hemos conversado, tal vez, con un desconocido que nos recuerda con afecto y cariño porque fuimos sus maestros?, ¿cuántos de nosotros, que nos dedicamos a la docencia, hemos recibido un reclamo por aquellos que en su momento estuvieron en nuestras manos puesto que no realizamos nuestro trabajo? ¿cuántos de nosotros, los que nos dedicamos a la docencia, no hemos sabido de algún ex alumno que ha culminado un posgrado o publicado algún artículo o un libro?, ¿cuántos de nosotros, que nos dedicamos a la docencia, no nos habremos enterado que cierto estudiante migró, se incorporó al narcotráfico o a la delincuencia organizada? En fin, esas interrogantes, como seguramente habrá más, repito, generalmente, vienen a calmar los momentos de desasosiego o, por el contrario, vienen a prender los focos rojos en la labor que realizamos en nuestras escuelas.

La docencia es compleja, no lo niego, pero vaya, eso lo sabía desde el principio, así que no me quejo. El gusto, amor y disfrute por mi profesión, es algo que no cambio ni cambiaría por nada.

Caray, si al ingresar a un grupo y, prácticamente de la nada, el mundo se desaparece y se construye otro en el que solo se existe y se comparte con nuestros alumnos; ha sido de las experiencias más enriquecedoras que he vivido y que, afortunadamente, sigo viviendo.

¿Qué importan las reformas educativas y los planes mal hechos por el gobierno si, lo que trasciende en el aula, va más allá de lo que me indica el cuadernillo?, ¿acaso convidarle de mi torta a un niño que no dejó desayunado porque sus padres no tienen trabajo lo indica el currículo o el libro de texto? No, la docencia es más que una reforma educativa, un currículo, un plan de estudios o un libro de texto. Eso, quienes nos encontramos inmersos en esta profesión, lo sabemos.

Aún recuerdo cuando en la escuela construimos una línea de tiempo sobre las reformas educativas en México. Sin duda, abordamos algunas de ellas: la educación socialista de Lázaro Cárdenas, el Plan de Once Años con Adolfo López Mateos, o bien, la educación y apertura democrática de Luis Echeverría; de ellas, mucho aprendimos, puesto que con el profesor que tenía a cargo la materia, analizamos cada una de las acciones que de éstas se desprendieron. Sí, es un pedazo de la historia educativa de México, y fue muy bueno conocerlo. Jamás lo haría menos. No obstante, me pregunto: ¿qué concepción se tenía del maestro en esos momentos y qué es lo que habrá pasado para que dicha concepción haya cambiado?

Nadie puede negar la intromisión de organismos internacionales en la educación de diversos países, como el nuestro. Eso lo sabemos, pero ¿acaso es un simple empleo?, ¿a eso nos han reducido los gobiernos? Triste y lamentablemente, desde el plano laboral, la docencia es un empleo, bien o mal remunerado, pero ese es otro cuento. El meollo del asunto radica en la interacción diaria con seres humanos, individuos o personas que están a nuestro cargo, por un tiempo determinado, para que aprendan algo. ¡Qué enorme responsabilidad! Pero, aun así, para muchos es un empleo.

Sí, un empleo que depende directamente del estado; tal vez por ello, actualmente, se vivan infinidades de situaciones donde muchas escuelas sobreviven por obra del espíritu santo.

No, no se trata de victimizar a quienes nos dedicamos a esta noble profesión. Se trata de ubicarnos en una realidad que duele. Y duele, porque por más inhumanos que podamos ser, generamos algo que se conoce como empatía con otros tantos seres humanos que acuden a diario a nuestras escuelas para compartirnos sus vidas, sus experiencias, sus conocimientos.

Bien valdría la pena pasar del discurso a los hechos; eso lo han dicho precandidatos, candidatos y Presidentes de México y, ¿cómo estamos? Viviendo con la esperanza de que se cumpla el sueño. Un sueño que tiene que ver con mejores escuelas, con mejores maestros, con mejores planes y programas, con mejores materiales, con mejores capacitaciones, con mejores actualizaciones, con mejores profesionales de la educación. Sí, siempre en busca de una mejora. De hecho, en el artículo 3º de la Constitución Política Mexicana así se plasma y, ¿cómo estamos? Viviendo con la esperanza de un mundo nuevo. Y así se nos fue el tiempo. Un tiempo que en la escuela y en el aula no se detiene, por el contrario, exige que demos lo mejor de nosotros para entregar buenos resultados. Claro, esa es nuestra misión, esa es nuestra encomienda, y no la aborrecemos, la disfrutamos. Y la disfrutamos porque fue, es y ha sido, un privilegio ser maestro.

Caray, a buena parte de los Presidentes, legisladores, funcionarios y demás encargados de la política educativa mexicana, se les ha olvidado que más allá de las reformas está el maestro… Caray, buena parte de los Presidentes, legisladores y funcionarios, se fueron de boca y prometieron que ahora sí se brindarían mejores condiciones laborales y educativas para los maestros, ¿y cómo estamos? Viviendo el sueño de una cuarta transformación que está a punto de desvanecerse ante la insipiente reforma educativa que no atiende ni atenderá de fondo el verdadero problema educativo en México. ¿Y los maestros? Cumpliendo, como siempre lo han hecho.

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Apuntes… Ieshúa y Valeria   

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385 Grados / Tlaxcala / Leo el trabajo literario de Gerardo Laveaga con la admiración y el aprecio que permite la valiosa amistad de un hombre culto. Así desde el momento que recibía de sus manos su novela Valeria (Punto de lectura, 2014), publicada originalmente en 1987, sabía que escribiría estos Apuntes sobre ella y así comprobar una vez más que leer y escribir son dos partes de un mismo proceso intelectual.

La temática de la novela me lleva a El Evangelio según Jesucristo (Punto de lectura, 2001) publicado por primera vez en 1991, de José Saramago o a El evangelio de Lucas Gavilán (Punto de lectura, 2001) que vio la luz en 1989, de Vicente Leñero. Soy puntual respecto al año de la primera publicación de ambos libros para destacar que el de Laveaga es anterior y no les pide nada tanto en calidad narrativa como en su originalidad.

Así, Ieshúa y Valeria como personajes principales de una trama arrancada del llamado Nuevo Testamento, son los amantes ideales en belleza física para los tiempos de la Judea de Poncio Pilatos y el dominio Romano que serán separados por la política. Como obediencia de parte de ella, centralmente a Rubrio Fabato, su padre; y como rebeldía, por parte de él, por su lucha en pos de la libertad de su pueblo, el pueblo judío que alguna vez habría sido de Moisés.

Para Gerardo Laveaga ha sido atractivo, y considero que lo logra en demasía y sin aspavientos, con una narrativa sencilla y creíble, mostrarnos a un Nazareno mundano, pero admirable en su dimensión personal y colectiva. Que no necesita de magia o milagros para que lo sigan sus amigos primero y las multitudes después. Es la palabra, de un hombre embelesado por el Carpe Diem (de Horacio, “Aprovecha el día, no confíes en el mañana.”), el arma para convencernos de que hay que respetar de la ley aquello que nos permita vivir en armonía.

Nos muestra Gerardo, que si leemos los textos bíblicos, sobre el inspirador del cristianismo, como metáforas, y se contextualizan en algunos hechos históricos lo que tenemos es una recreación fascinante, no por el trillado misticismo del hombre que morirá en la cruz para salvar a la humanidad, sino del que puede sentir que puede ser el Mesías que está preparando la revolución como le dirá Judas Iscariote.

Una revolución fundada en cierto modo en el perdón. Hablando del “perdón como instrumento político… como un medio para evitar el resentimiento y, así actuar con entereza con cálculo”, dirá Fabato que en su momento querrá convencerlo, aprovechando su amor por Valeria, de servir a sus intereses. Para lo que lo llevará a la imperial ciudad de Roma, cuyas intrigas y excesos palaciegos lo único que lograran es lanzarlo directamente a la meditación profunda en el desierto.

De donde saldrá a enseñar sencillamente a “vivir con plenitud”. Por ello le consuela a la mujer adúltera haciéndole ver que lo suyo no es pecado sino “deseo de vivir”. Y luego de cinco días de discutir con Lázaro, en momentos con lágrimas en los ojos, el rabí, el maestro, le pide que salga de su casa a seguir ayudando a la gente en Betania; “Es como si te negaras a vivir” le espeta. Lo convence y su hermana María señalará: “le has hecho vivir de nuevo”. “Pero (escribe Laveaga) Martha fue más lejos: al resucitar a Lázaro, Ieshúa había hecho vivir de nuevo a una parte de la humanidad.” No hay milagro más que el de la palabra que convence.

Así todo el relato tergiversado por la teología sobre su divinidad, se derrumba literariamente hablando y surge el hombre de su tiempo, valeroso, lastimosamente humano que pugna por pensar en la igualdad “- Dios nos hizo hombre y mujer. ¿Por qué entonces permitimos que ellas caminen siempre atrás de su marido? ¿Acaso no son los dos hijos de mujer?”; y la dignidad, resulta vivificante la forma de reescribir la enseñanza, “- Y si además de la derecha –dijo Ieshúa- tu enemigo te golpea la mejilla izquierda, sitúate por encima de él: perdónalo. De nada serviría abrigar odio en tu corazón.”

Valeria, el personaje, contará en buena medida la segunda parte del relato, recordando el periplo del Nazareno, su regreso a Jerusalén, su detención, su suplicio y su muerte en la cruz, desde el dolor de la amante del hombre bello, fuerte e instruido.

Valeria, la novela nos trae a este presente del siglo XXI, una fascinante vida sobre el origen de la cristiandad, recordándonos que el trillado Jesucristo fue la mofa del “Ieshúa Nazarenus, Rex Iudaeorum”, que en el madero, “Quiso recordar a Horacio pero lo que se le vino entonces a la mente fue un salmo de David: Dios mío… ¿Por qué me has abandonado? Perros innumerables me rodean…”

Nota al margen. Aviso que estoy ya leyendo Si tú quieres, moriré (Planeta, 2018), la más reciente novela del mismo Gerardo Laveaga, anhelo que la podamos presentar aquí en Tlaxcala como ya lo platiqué con él y esto me motive a crear una videocolumna pronto.

e- mail: ccirior@yahoo.com.mx

twiter: @ccirior

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El SNTE: ¿calladito se ve más bonito?

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385 Grados / Abelardo Carro Nava / Aún recuerdo aquellos años en que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) era el omnipotente en México y en América Latina. En los cafés, en las escuelas, en los centros de trabajo, en la Secretaría de Educación Pública (SEP), en varios lugares, tan sólo de escuchar: “ahí vienen los del SNTE”, significaba cierto temor, respeto y, podría decir, admiración. Claro, el poder político que llegó a representar, particularmente en manos de su ex lideresa vitalicia, La Maestra Elba Esther Gordillo Morales, le significó buenos dividendos. No obstante, los tiempos y circunstancias han cambiado y en, prácticamente, los últimos seis años, su figura se ha desdibujado aunque muchos afirmen lo contrario. Veamos.

Derivado del Pacto Por México, de la detención de La Maestra Gordillo – con la llegada a la dirigencia de Juan Díaz de la Torre – y del apoyo indiscutible en la implementación de la mal llamada reforma educativa impuesta por Peña Nieto en 2013, el SNTE perdió toda credibilidad y legitimidad ante el gremio que, en el papel, debería representar en la defensa irrestricta de los derechos laborales de los trabajadores de la educación adheridos a dicha organización sindical.

Para nadie es desconocido, la serie de injusticias laborales que se cometieron contra el magisterio, derivadas pues, de las modificaciones constitucionales y reglamentarias que fueron aprobadas en las Cámaras de Representantes y ante las cuales, el SNTE, sí, el SNTE, guardó silencio. Jamás escuché decir a Díaz de la Torre, ex dirigente sindical, “que la evaluación punitiva” violaba los derechos de los profesores; jamás escuché expresar a ese mismo ex dirigente sindical, que la desvalorización de una de las profesiones más nobles como lo es la docencia, fue una constante durante el periodo de Nuño al frente de la SEP; caray, jamás escuché decir, a quien por obligación tenía que defender esos derechos de los trabajadores de la educación, que lucharía porque los maestros y maestras de México, gozaran de todas las condiciones, habidas y por haber, para que éstos realizaran su labor de la mejor manera posible en sus respectivos centros de trabajo. No, jamás lo escuché decir tal o cual cosa, por el contrario, guardó silencio.

Y hoy, justamente cuando las cosas han cambiado, cuando en el poder se encuentra ya no en un “amigo” sino en un político diferente; cuando la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se ha posicionado en el terreno político; cuando otro grupo disidente como lo es Maestros Por México (MXM) ha partido a la mitad a ese sindicato; cuando su partido político (Nueva Alianza) perdió su registro a nivel nacional; el SNTE, sí, el SNTE, ha cambiado su discurso… pero no sus formas.

Irrisoriamente, por todos los medios ha intentado posicionarse ante el gobierno federal, encabezado por López Obrador; ante el propio Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán; ante el gremio que dice representar; ante un posible electorado dada la reconfiguración en el plano nacional; y vaya, ante la sociedad en general; pero, desafortunadamente, ni lo uno ni lo otro ha logrado alcanzar.

Tal parece que, a quienes dirigen esta organización sindical, no les ha quedado claro que las dinámicas políticas ya no son las de antaño y, mucho menos, que las fuerzas políticas, y la manera de hacer política, han dado un giro de 380 grados. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) o el Partido Acción Nacional (PAN) ya no son gobierno; es más, son una minoría que no ha logrado vislumbrarse como oposición y, en consecuencia, si alguna vez gozaron de los “favores” de estos partidos, hoy día, ¿tendrían que unir esfuerzos para contrarrestar al gobierno López-Obradorista? pregunta interesante que, tal vez, no encuentre cabida en sus pensamientos, primero, porque difícilmente pueden lograr acercamientos en el Congreso dada la falta de representantes emanados de ese sindicato y, segundo, porque… ¿quién quisiera tener un acercamiento con este sindicato si, lo que busca el grueso del magisterio, es una representación que vele por sus derechos cosa que éste no ha hecho?

Crisis de legitimidad, crisis de representación, crisis institucional, y quién sabe cuántas crisis más se viven al interior del SNTE.

Al parecer, dados los acontecimientos recientes, en cuanto a la exigencia de la abrogación de la mal llamada reforma educativa que Alfonso Cepeda lanzó a los cuatro vientos (https://www.elhorizonte.mx/nacional/snte-urge-a-legisladores-a-abrogar-reforma-educativa/2492431), el que alguna vez fuera conocido como el Sindicato más grande de América, se pierda por completo. Los maestros y maestras no olvidan la afrenta que vivieron durante seis largos años; dudo mucho que de esas crisis salga algo bueno porque, mientras no cambien sus prácticas, su forma de ver la política y, sobre todo, la elección de sus líderes, los supuestos cambios anunciados por sus actuales dirigentes, están destinados, desde el principio: al fracaso.

En suma, en más de una ocasión, en este y otros espacios, he dado cuenta de una serie de propuestas que podrían revitalizar la vida al interior del SNTE; sin embargo, ¿realmente esta organización sindical estará dispuesta a realizar una serie de cambios, necesarios y profundos en sus estatutos, que erradiquen esas prácticas nocivas y que, cual secreto a voces, viven y sobreviven en los centros de trabajo y/o delegaciones sindicales y que han dañado sus principios hasta el hartazgo?, ¿se podría contar con elección libres, democráticas y transparentes en ese sindicato, desarrollando otras formas que nada tienen que ver con las que conocemos y que tanto le han hecho daño?, ¿se podría retomar el principio básico y su razón de ser en cuanto a la defensa de los derechos laborales de sus agremiados? Retomar su origen, volver a lo básico y democratizar sus prácticas, ese sería un buen inicio. Lo demás, probablemente, por añadidura podría surgir, la pregunta es: ¿será posible dicho cambio?

Con negritas:

En días pasados, leí un comentario en Facebook que, pareciera ser simple y sin ningún fundamento pero que, desde mi perspectiva, deja ver el “desdibujamiento” al que he aludido; se los comparto: cada vez más el SNTE se parece a la CNTE; y es cierto. Valdría la pena, como lo he dicho, pensar y repensar qué es lo que está sucediendo al interior de ese sindicato. ¿De qué tipo de identidad estamos hablando?

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La Casa del Jabonero…¿Lorena Cuellar contra Lorena Cuellar?

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Los momentos de dificultad son naturales en cualquier empresa. Sin embargo, ante un acontecimiento negativo que va más allá de la normalidad y se torna público, en el cual la marca se ve perjudicada, llega la hora de apelar al manejo de crisis. Con ese nombre se conoce a la técnica de comunicación corporativa que tiene como objetivo evitar o suavizar la repercusión negativa del hecho en la prensa.

Los políticos no están exentos de una crisis, y tal parece que Lorena Cuellar enfrenta a Lorena Cuellar en su rumbo hacía la gubernatura de Tlaxcala, y que todos los días pone una piedra en su camino.

Mira que dinamitar su propia candidatura al marginar a los morenistas que se la jugaron y pusieron su tiempo y capital con Andrés Manuel López Obrador, se me hace una apuesta temeraria, y darse un tiro en el pie.

Los morenistas están enojados, y hace semanas uno de ellos le reclamó de forma airada a la delegada del bienestar en Tlaxcala, quien le reprochó la marginación que sufren, y amagó con recurrir al presidente López Obrador.

Optar por quedarse callada no es una opción en el manejo de crisis, y la diputada federal con licencia prefiere guardar silencio y pensar que con boletines sin mensajes, va a lograr controlar la opinión pública es un desacierto.

¿Quién comunica en su equipo?, ¿Se darán cuenta que tienen una crisis en manejo de imagen?.

Son preguntas que la propia Lorena Cuellar se tendría que contestar , y valorar si su equipo cumple con su trabajo de cuidar su imagen y los mensajes que emite a la opinión.

Una de las primeras dudas que suelen surgir en una crisis es: “¿debo hablar o permanecer en silencio?”. La omisión de las pautas negativas da al periodista o columnista el derecho de escribir lo que quiera.

En las últimas 48 horas el tema de Morena y la división que enfrenta con Lorena Cuellar por la imposición de sus “cuates”es tema de noticias y columnas periodísticas, y hasta el momento nadie de su equipo ha sido capaz de intentar revertir esa percepción.

Su equipo no encara toda esa información de la marginación de los morenistas y deja que los vacíos se llenen. El silencio también comunica.

Hace meses, y luego del avasallador triunfo de Morena en Tlaxcala, segunda entidad, solo por debajo de Tabasco, que le dio mas votos a López Obrador, nadie dudaba que Lorena Cuellar era la candidata natural al gobierno de Tlaxcala, y que no habría quien se le pusiera en el camino.

Todo estaba armado, y solo era cuestión de tiempo para que la ex priísta cumpliera su sueño de arribar y sentarse en la silla que hoy ocupa Marco Mena.

Sin embargo, en estos momentos el panorama no luce halagador, sino al contrario el horizonte se ve con nubarrones, y hasta la idea de que el candidato de Morena podría ser otro, y han empezado a sonar los nombres de Ana Lilia Rivera y el propio Joel Molina Ramírez.

Lorena Cuellar tiene la oportunidad de revertir su propia crisis, y no ser ella misma su propia enemiga, siempre y cuando exista cierta de dosis de autocrítica.

Viene la renovación de la dirigencia estatal de Morena, y todo indica que no será nadie del grupo de la coordinadora estatal de delegaciones quien se quede al frente.

Habrá qué ver si le alcanza con su personal que fue impuesto según en áreas claves de la nueva administración federal en Tlaxcala.

Habrá  qué esperar si le alcanza con su propia estructura para ganar la elección, sin las siglas de Morena.

Habrá qué analizar en su momento, si la creación de un nuevo partido en la entidad tiene una jugada de tres bandas.

Hoy, Lorena Cuellar tiene su destino en sus propias manos.

Lo cierto, es que si en política siembras vientos, cosecharás tempestades. Al tiempo.

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Me lo contaron ayer....Vaya lío en que se ha metido el diputado José María Méndez Salgado, pues resulta que según logró un convenio monetario con el Congreso del Estado y su empresa de comunicación Tlaxcala TV y/o Huamantla.org.

Es cierto, el congreso es libre de firmar convenios con los medios que quieran, pues lamentablemente se carece de criterios o políticas de transparencia a la hora de signar acuerdos.

Lo  curioso, es que si se confirma esta información, habrá que ver si no existe conflicto de intereses.

La otra…Un alcalde de la zona norte reveló que un diputado local le pidió la cantidad de 500 mil pesos por un  convenio de publicidad para su medio de comunicación, y a cambio, se lo regresaba en obras.

Por supuesto que el presidente lo mandó muy lejos. ¿Quién será el diputado local?. Adivinen.

 

 

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