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Opinión

La Casa del Jabonero…El harakiri de Morena en Tlaxcala y su G30

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El harakiri, truculento ritual mediante el cual los antiguos samuráis se rajaban las entrañas para suicidar, parece que es la apuesta de quienes militan  en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), en Tlaxcala.

Este domingo Morena llevó a medias la elección en donde intentaron elegir a 30 c0nsejeros estatales, 15 hombres y 15 mujeres, pues al final solo lograron diez en el segundo distrito.

Estos 30 tienen la responsabilidad de designar al Comité Estatal y participar en el nombramiento de la dirigencia nacional, de ahí la importancia de lograr el control en Tlaxcala.

Joel Molina Ramírez, Ana Lilia Rivera y Lorena Cuellar saben que quien opere al G30, tiene amplias posibilidades de ser candidato a gobernador en el 2021.

La mayoría de las encuestas ubican a Morena con amplias posibilidades de ganar Tlaxcala, y la mejor candidata posicionada es Lorena Cuellar Cisneros, pero tras el cochinero de hace 24 horas, habrá un desgaste natural.

El escenario es muy fácil, parece que la misión es dejar a Lorena Cuellar fuera de Morena y obligarla a que se vaya por otro partido a buscar la gubernatura, con lo que la oposición como PRI-PAN-PRD-PT y PAC podría emerger con un  o una candidata  y ganar la elección del 2021.

la otra es que Lorena Cuellar parece que ha logrado su objetivo de sumar a todos en su partido, pero en su contra.

Nadie sabe que pasará en el 2021 aun, pero lo cierto es que este lunes los tlaxcaltecas se durmieron con la noticia de que la elección de Morena reeditó todos los vicios de partidos al que tanto criticaron en el pasado.

No  creo que el presidente Andrés Manuel López Obrador se sienta orgulloso de que sus hombres y mujeres se despedacen por el control del partido, y le estén partiendo la madre a la Cuatro T.

La elección se caracterizó por actos vandálicos como explosión de artefactos, golpes,  destrozos de instalaciones, acarreo de votantes, acusaciones mutuas de intromisión y buscar el control del partido entre simpatizantes de la Coordinadora de Delegaciones,Lorena Cuellar Cisneros, y los senadores Joel Molina Ramírez y Ana Lilia Rivera, quienes son mencionados como aspirantes a la candidatura a gobernador por parte de este instituto político.

El primer acto violento se registró en el distrito uno con sede en Apizaco, donde se llevaba a cabo el registro de los aspirantes, y explotaron dos artefactos aparentemente caseros que ocasionaron crisis nerviosa en al menos 15 de los asistentes, quienes fueron atendidos por paramédicos de la Cruz Roja y del municipio de Apizaco. Ante la falta de garantías, el presidente de la asamblea distrital determinó la cancelación de la elección hasta nuevo aviso.

Horas después, en Zacatelco, sede del tercer distrito la elección también fue suspendida por las confrontaciones entre militantes y  miembros de la comisión organizadora, tras el cierre del portón, lo que generó molestias y enfrentamientos, y ante esa situación, el presidente de la asamblea determinó la cancelación.

En el distrito dos a punto estuvo también de suspenderse tras golpes, pero finalmente se logró la elección de los diez consejeros.

Lo único cierto es que tras la jornada violenta hay denuncia muy graves que tienen que llegar al ministerio público, luego  que solo a mentes criminales o estúpidas se les ocurre explotar artefactos en un evento con cientos de personas, y que pudo haber tenido  consecuencias funestas 

la senadora Ana Lilia Rivera, además, integrante de la Comisión Nacional Electoral de Morena, reveló al portal Gente TLX que grupos de choque, identificados con la delegada federal Lorena Cuéllar Cisneros, reventaron las asambleas en Apizaco y Zacatelco.

la acusación es muy seria, pues en contra de la coordinadora de delegaciones, quien se supone es o debe ser la mano derecha del presidente en Tlaxcala, y de haberse salido de control, estaríamos hablando de otra situación.

Ana Lilia Rivera detalló que en el caso de Zacatelco, se identificó al líder transportista del sur Rubén Darío Domínguez y a José Luis Ángeles, ambos ligados al grupo de Lorena Cuellar, quienes incitaron a la violencia.

La respuesta de Lorena Cuellar no se hizo esperar, y a través de un boletín, sin decir el nombre de Ana Lilia Rivera le pidió presentar sus pruebas legales ante las autoridades competentes, y no ser beligerante y lastimar a la cuarta T. “Dimos muestra de respeto y distancia a este proceso interno, sin embargo, hay quienes siguen pensando en la lucha electoral, cuando nosotros estamos ocupados en la transformación de México, lamento mucho su beligerancia que solo lastima el proyecto de la cuarta transformación”.
 Insisto, las denuncias deben llegar hasta sus últimas consecuencias, de lo contrario el harakiri  de Morena en Tlaxcala está en marcha,
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Me lo contaron ayer.…Joel Molina y Ana Lilia Rivera parece han ganado el primer round a Lorena Cuellar, luego que los diez consejeros son afines a sus grupos políticos.

En mujeres con Lucia Diana Méndez Xolaltenco con 188 votos; Goldina Galicia Acoltzi con 139 votos; Yuliana Aguila Sánchez con 109 votos; María Cruz Felipe López con 85 votos y Carmen Arma Meneses con 79 votos.

En hombres con Agustín Roberto Ramos Tlacomulco con 185 votos; Leonardo Cruz Melendez con 143 votos; José Andrés Sánchez Palacios con 108 votos; Marco Antonio Castillo Hernández con 86 votos, y Yair Castillo Pérez con 77 votos.

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Cursos propedéuticos y diagnósticos sí, remediales, ¿por qué?

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385 Grados / Abelardo Carro Nava / Generalmente, cada inicio de ciclo escolar, semestre o cuatrimestre, los maestros y maestras aplican un diagnóstico en el grupo que, conforme a la organización establecida en la institución educativa en la que se encuentran adscritos, atenderán en lo sucesivo; esta instrumento/herramienta les permite, dependiendo del nivel educativo, conocer varios aspectos del desarrollo humano de sus alumnos, pero también, comprobar lo que el niño/adolescente o joven, conoce con relación a los aprendizajes adquiridos en grados escolares inferiores de aquel que va a cursar; esto, con excepción del preescolar, donde la observación resulta fundamental para conocer la socialización de los niños una vez que han dejado el hogar y se incorporan al sistema escolarizado de enseñanza. En este sentido, no es de extrañarse que la educadora o educador, durante las dos primeras semanas del curso, tenga a la mano libreta, lápiz y goma, para registrar las conductas del infante, para anotar las expresiones que realiza, para identificar sus intereses y necesidades; en fin, para todo aquello que resulte indispensable registrar con el propósito de comenzar la planificación de las actividades y el abordaje de los contenidos.

En primaria, ese diagnóstico que, como bien sabemos es muy diverso y enriquecedor, se complementa o extiende con la aplicación de una serie de cuestionarios, pruebas y exámenes; ¿su propósito? Es que el docente tenga un conocimiento sobre los avances que se lograron con relación a los aprendizajes que, de acuerdo a un plan de estudios, grado escolar y etapa de desarrollo, el estudiante debería poseer. Luego entonces, la ecuación se repite en secundaria, bachillerato y, desde luego, en la universidad. De esta forma, quienes hemos tenido la maravillosa oportunidad de pisar un salón de clases, sabemos de la importancia que reviste tal acción. De ello depende, en buena medida, las adecuaciones curriculares que podrán realizarse antes de comenzar con el abordaje de un plan de estudios.

Ese diagnóstico, entonces, ¿es para conocer a los alumnos? Tal y como lo he planteado así parece, sin embargo, habría que decir que tal ejercicio trae consigo un aspecto que, muy pocas veces, se toma en cuenta, me refiero al análisis de las capacidades que el propio docente realiza y que tienen que ver, directamente, con sus conocimientos habilidades, actitudes y valores. Es decir, pareciera ser que, en la aplicación de un diagnóstico, solamente un actor es evaluado, y no es cierto porque, como ya he dicho, en el momento en que el profesor o profesora diseña ese diagnóstico, lo aplica, evalúa e interpreta, también éste se diagnóstica y, desde luego, le lleva a reflexionar sobre lo que habrá de realizar para que sus objetivos educativos, se cumplan satisfactoriamente cuando concluya el ciclo escolar.

Pensemos en una profesora de una escuela primaria que atiende primer grado; también pensemos, que dicha profesora ha adquirido una experiencia y conocimiento importante porque, durante su trayectoria profesional, ha trabajado, mayormente, con niños de este grado y edad. Luego entonces, la aplicación de un diagnóstico, y sus resultados, serán diferentes en cada uno de los años en los que pudo haber atendido ese grado escolar. ¿Por qué sucede esto? La respuesta es obvia, todos los niños son diferentes, así como también, los conocimientos que éstos pudieron haber adquirido en los grados escolares inferiores. Tal hecho, ¿propiciaría que la profesora tuviera que pensarse y reflexionarse para “adecuarse” a las “condiciones” que sus alumnos le exigen? Pienso que sí porque esa demanda, ese conocimiento, ese saber, que pudo haber obtenido del diagnóstico, la llevará a realizar una práctica, sino diferente, sí acorde a los que sus alumnos le exigen.

Ahora bien, generalmente en educación superior, se pone en marcha un curso propedéutico con la finalidad de acercar a los estudiantes al aprendizaje que, en los cuatrimestres o semestres sucesivos, abran de adquirir; esto, dependiendo de la carrera profesional seleccionada y, desde luego, del campo científico en la que ésta se encuentra inmersa. Luego entonces, la adquisición de esos saberes que lo acercarán al campo de estudio, se vuelve un aspecto fundamental para que, el alumno, conozca todo aquello que está relacionado con la disciplina que será parte de su quehacer profesional.

En el nivel básico de nuestro sistema educativo, no todas las instituciones educativas realizan dicha acción; esto, probablemente, porque sus dinámicas de trabajo son diferentes y porque, desde mi perspectiva, atienden las indicaciones que la Secretaría de Educación Pública (SEP) emite cotidianamente y que, las autoridades educativas de buena parte de los estados, aplican a rajatabla al inicio del ciclo escolar. Con esto no quiero decir que se desconozca, por el contrario, muchas veces la intención de desarrollar un curso propedéutico se ve rebasada por una exigencia desmesurada de la autoridad escolar o estatal, y porque la burocratización de la enseñanza los ha llevado a cumplir con un sinfín de acciones que, para acabar pronto, nadie lee pero que todo mundo exige. En fin. Como decía, este curso, desde mi perspectiva, brinda ese acercamiento al contexto escolar y a la información que lo llevará a lograr un aprendizaje durante el ciclo escolar.

¿Puede, en estos momentos de contingencia, diseñarse un plan para que, en lugar de cursos remediales se desarrollen cursos propedéuticos donde el diagnóstico sea la punta de lanza para lograr el abordaje de aquellos contenidos cuya relevancia no debe dejarse de lado? Desde luego. Tal plan debería considerar, al menos, cuatro acciones:

La aplicación de un diagnóstico, con dos vertientes: a) test para valorar el estado emocional, físico e intelectual de los alumnos; b) cuestionarios, pruebas o exámenes sobre los grados escolares inferiores, mismos que consideren lo que tuvo que aprender el alumno. Claro, aquello que puede denominarse como “básico” para después, fortalecerlo con los demás contenidos.

Temas que pueden ser abordados y/o fortalecidos de las distintas asignaturas; esto, dependiendo del nivel educativo y que, del resultado de ese diagnóstico, puedan ser trabajados con los alumnos. Resultaría muy útil trabajar a través del aprendizaje basado en proyectos para que, precisamente, los estudiantes, con los temas que no lograron abordarse (y que pueden articularse), elaboren un proyecto sobre el Covid, sus causas y consecuencias, por ejemplo.

Incluir lo relacionado con temas de vital importancia y que se encuentran en áreas que, muchas veces, no tienen la relevancia que deberían tener; me refiero a algunos contenidos de educación física y socioemocional. Acción que, dese luego, traería grandes beneficios porque, como se ha conocido, en nuestro país, hace falta que se profundice en las escuelas, sobre varios temas ligados con la higiene, salud, alimentación, violencia, inseguridad, entre otros.

Finalmente, incluir, en dicho curso, algunos aspectos sobre la escuela (si es que los alumnos se incorporan o transitan a otro nivel, por ejemplo: de preescolar a primaria, de primaria a secundaria, y así sucesivamente), sus antecedentes, la visión y misión que tienen, el personal docente que integra el centro educativo, la organización escolar que en éste se encuentra, los reglamentos (incluye o debería incluir, el protocolo para el regreso a la escuela), entre otros.

Visto de esta forma, resulta favorable que los colectivos docentes pudieran diseñar sus propios cursos propedéuticos; los puntos dados a conocer en estas líneas son, precisamente, una serie de sugerencias que pueden ser adaptables a cualquier contexto y a cualquier escuela. El tiempo para su desarrollo, desde luego, dependerá de los colectivos docentes y de los resultados que el diagnóstico puede arrojarles.

Si pensamos en un curso remedial, tal y como la ha anunciado el Secretario de Educación de nuestro país, significaría que el trabajo educativo que se ha hecho durante esta contingencia sanitaria por el Covid-19 que estamos viviendo en México, estuvo mal hecho, y no es cierto. Como bien sabemos, hay una brecha de desigualdad importante que, la pandemia, hizo más que evidente, lo cual no significa que no hayan aprendido algo los niños, adolescentes y jóvenes. ¿Qué aprendieron?, ¿cómo lo aprendieron?, ¿para qué lo aprendieron? y ¿de qué manera esos aprendizajes pueden relacionarse con la escuela y los contenidos que se abordan en ésta? Son preguntas fundamentales que no parten de la premisa que afirma que es necesario “nivelar a los estudiantes”, sino más bien, de reconocer que los estudiantes aprendieron; por tal motivo, el reto que observo es: ¿cómo acercar ese aprendizaje informal y no formal, con el formal que puede generarse en la escuela?

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Opinión 385… Militarizar al país

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385 Grados / Adriana Dávila Fernández / Diputada federal / En la tarde del domingo, en plena emergencia sanitaria, entre el sentimiento de muchas y muchos mexicanos que no pudieron abrazar y festejar a las madres, en el Diario Oficial de la Federación se publicó el Decreto por el cual se dispone de la Fuerza Armada permanente para realizar tareas de seguridad pública, de manera extraordinaria, hasta marzo de 2024; casi todo el sexenio.

En la forma y en el fondo, es un hecho que contradice las palabras del que fuera candidato ganador de la elección presidencial del 2018, que se comprometió a buscar otra estrategia para cambiar la política de seguridad pública vigente hasta ese momento. En abril de ese año, dijo: “Lo puedo resumir en una frase: trabajo, buenos salarios y abrazos, no balazos”. Este exitoso lema de campaña, en la realidad es una simple consigna que quedará solo como parte del triunfo electoral y, posteriormente, como una fallida estrategia transformadora en materia de seguridad.

El incumplimiento de la palabra empeñada en campaña es lo que aniquila la confianza ciudadana. Es más que evidente la falta de resultados en los 18 meses de gobierno, lo cual ha marcado al 2019 como el año más violento de la historia nacional. Los delincuentes han aprovechado la debilidad voluntaria del Estado para atacar a millones de personas que viven en la incertidumbre y con miedo ante el incremento de la epidemia violenta, que lo mismo ataca patrimonios, que lesiona personas y cobra miles de vidas a un ritmo desatado.

El asunto es que, con la instrucción decretada, se reconoce que la inseguridad en este gobierno ha sido indomable, la muestra es que cada mes supera al anterior en las cifras de asesinatos en el país. Está desatado el incremento de la violencia con todo y el “quédate en casa”.

En términos prácticos, el decreto mencionado es, por un lado, la aceptación de la ruta correcta trazada en el sexenio 2006-2012 y, por el otro, la consecuente admisión de que los abrazos propuestos fueron recibidos con un torrente de balazos que han dejado una senda de dolor, luto e impunidad. Sin duda alguna, la inseguridad, como otros tantos problemas que se han suscitado -ahí está la economía y la salud, por ejemplo-, ha sido rebasada por el fracaso estratégico de esta administración.

Con frecuencia escuchamos la justificación presidencial sobre su “acertada” toma de decisiones, lo que lamentablemente ha derivado en la falta de acciones para proteger a la población: fue el “pasado neoliberal” el que descuidó a los jóvenes y protegió a los integrantes de las cadenas delictivas. De ahí su obsesión por mantener la estrategia de “perdón y olvido” para los criminales.

Sin embargo, no hay resultados. Ante la incapacidad del gobierno, ahora resulta que con un decreto pretende militarizar al país, continuar con la participación de la Fuerza Armada permanente en el territorio nacional para realizar tareas de seguridad pública; es decir, se dice que van a “complementar” (lo que eso signifique) las funciones de la Guardia Nacional y, hay que señalarlo, esto no es más que producto de la derrota a su “estrategia”.

Un buen número de ciudadanas y ciudadanos apostó, con esperanza, por una transformación que hoy demuestra una total incapacidad para enfrentar la inseguridad. Y se hace mediante decreto presidencial para salvar la situación porque, sencillamente, las familias mexicanas viven intranquilas, con miedo, y sin entender por qué si antes que estábamos tan mal, no nos sentíamos como ahora, peor.

¿Se podía esperar otro tipo de resoluciones? Realmente, no. La autoridad federal, a nombre de la austeridad, decidió aplicar tijera presupuestal para las tareas de capacitación de las policías estatales y municipales, y no solo eso, sino que el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, optó por autorizar -también por instrucción presidencial- el ejercicio de recursos económicos de la Federación para el ejercicio fiscal 2020, del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública de los Estados y del Distrito Federal (FASP) y del Subsidio para el Fortalecimiento del Desempeño en materia de Seguridad Pública a los municipios y demarcaciones territoriales de la Ciudad de México (FORTASEG), para apoyar a las policías del país.

Lo cierto es que en lugar de contar con una Guardia Nacional que cumpla con el objetivo para el que fue creada, está dedicada a tareas de persecución de migrantes y de custodia de ductos de hidrocarburos.

Las y los legisladores del Grupo Parlamentario de Acción Nacional aprobamos, en su momento, reformas para que la seguridad pública estuviera al mando de autoridades civiles. En vez de dar cumplimiento a esto, aparece un decreto que dejará a las Fuerzas Armadas en las calles y que es una clara violación al artículo 73, fracción XXIII, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, porque “regular en materia de seguridad pública debe ser objeto de ley”.

Como muchas de las acciones gubernamentales, carece de mecanismos jurídicos sólidos. Más aún, el control civil, como lo aprobó el Legislativo, nunca sucedió. La reserva que tuvimos entonces, porque se pretendía militarizar al país, hoy se hace vigente.

¿Qué diferencia hay con la estrategia de 2006? Una muy importante: aprovecharse de cambios constitucionales para abusar del poder. En los dichos y en los hechos, estamos hoy ante la inminente militarización del país.

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¿Y el recreo?

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385 Grados / Tlaxcala / Abelardo Carro Nava / Yo creo que uno de los momentos que más disfruté en la escuela, era el recreo. Jugar a las escondidas, platicar con los amigos, echarnos una “cascarita” o, simplemente, competir en una loca y aventurada carrera de autos, fueron de los momentos que más recuerdo con verdadero aprecio y cariño. 

Y es que, más allá de lo que pudiéramos hacer en casa, con nuestros familiares, en nuestras labores domésticas o conversando con nuestros padres y hermanos, el recreo, era ese espacio a través del cual nos relacionamos con nuestros compañeros. Sí, una relación que, más allá del aula, nos permitió construir amistades solidarias, empáticas, duraderas. ¿Quién no recuerda a aquel compañerito o compañerita que siempre nos hacía reír con sus ocurrencias?, ¿quién no recuerda a aquel compañerito o compañerita que, con el paso de los años, se convirtió en nuestro mejor amigo?, ¿quién no recuerda a aquel compañerito o compañerita que dejó un gran hueco en el grupo porque sus padres tuvieron que cambiar de lugar su residencia? Sí, todos, en algún momento de nuestra vida, tuvimos a esos compañeros. Algunos, como parece obvio los conservamos mientras que, a otros, simplemente les perdimos el contacto; no obstante, algo que no hemos perdido es ese maravilloso recuerdo, traducido en experiencias que, indiscutiblemente, alimentan el alma.

Como parece lógico, en nuestro paso por la escuela, también tuvimos y vivimos experiencias no tan gratas; esas tampoco se olvidan. De ellas aprendimos y de ellas conocimos que la vida también puede ser dura, cruel o despiadada. Sin embargo, a pesar de los pesares, éstas nos permitieron forjar nuestro carácter y nuestra personalidad que, años más adelante, nos dieron (o han dado) la posibilidad de actuar en consecuencia.

¿Cómo olvidar que, con el paso de los años, el mundo no era el que nos pintaron nuestros padres en nuestros primeros años de vida? Cierto, una de las etapas por las que pasa el ser humano, es esa socialización primaria mediante la cual, nuestros progenitores, nos presentaron un mundo “color de rosa”. Y luego, cuando a nuestra mente llegó el raciocinio, descubrimos que ese mundo es diferente; descubrimos que hay otras realidades que se mueven en una ambivalencia impresionante; descubrimos sensaciones y emociones insospechadas que jamás hubiéramos imaginado; descubrimos que descubrir, también forma parte de la vida, nuestra vida.

Luego entonces, ¿qué hicimos? Con el paso de los años, y con el trajín que la vida nos impone, dejamos de ser niños. Olvidamos por completo el recreo y todas las experiencias que en éste vivimos. Adultos nos llaman, y es cierto. Según las clasificaciones que alguien construyó en algún tiempo, llegamos a ser adultos porque, en sentido estricto, a cierta edad, llegamos a un pleno desarrollo físico y mental, aunque tal vez esto no sea del todo cierto. Y con la “adultez”, llegan las ocupaciones, el trabajo, la familia, y el mundo cambia por completo. ¿Y el recreo? Allá, muy lejos; en el recuerdo. Y es que el sistema de reproducción social así lo mandata; es, ese sistema, que cíclicamente se construye y reconstruye para asegurar la existencia humana; pervivencia social algunos le llaman. ¿Y el recreo? Solo ocupa un espacio en nuestra mente, pero ya no en nuestro cuerpo.

Irrisoriamente, con el transcurrir del tiempo, la vida nos enseña que tanto la socialización primaria y la socialización secundaria, son parte fundamental de nuestra vida. Así, con todas sus vicisitudes; así, con todas sus bondades; al final de cuentas, entendemos que la vida es nuestra vida, y punto.

¿Cuándo entenderíamos que ser adulto no implica dejar atrás los juegos, los pasatiempos, los recreos? Y es que, para acabar pronto, la mayoría de los sistemas educativos han sido pensados con la idea de que el ser humano sea alguien en la vida, pero ¿cómo ser alguien en la vida si esos mismos sistemas no obligan a tratar contenidos que, más allá de su utilidad, generan desasosiego?

Recuerdo esperar con ansias la clase de educación física en la escuela; aún, con poco entendimiento, realizaba ejercicios muy divertidos que, hoy día, sé que me ayudaron en demasía para favorecer mi lateralidad, espacialidad o motricidad. Y luego, las letras, esas que me enseñó una maestra y que pude aprender a través de cantos y juegos. Vaya, cómo olvidar la representación de las vocales que mi grupo realizó en no muy pocas ocasiones, siempre, acompañadas de ese canto que hoy recuerdo con verdadero aprecio. ¿Y el recreo? Era el tiempo perfecto para los ensayos. Las risas, las bromas, los consejos; todo un cúmulo de aprendizajes informales que, en el aula, adquirían sentido. Sí, ese era el tiempo de recreo, ese que todo mundo esperaba y que hoy día lo veo muy lejos. Y lo veo muy lejos porque, independientemente de la contingencia sanitaria que estamos viviendo, ésta ha puesto en evidencia, que ser alguien en la vida es más importante que “ser” en esta vida.

No, no me equivoco al afirmar que muchos de los aprendizajes adquiridos en mis cuatro décadas de vida, se han dado en contextos informales y no formales que, difícilmente, reconocemos. Y no los reconocemos porque a la escuela, se le ha castigado con un desmedido burocratismo que imposibilita la oportunidad, valiosa, de dialogar sobre tales y cuales hechos o acontecimientos que a diario vivimos.

¡Tienes que cumplir con los contenidos y enviar evidencias, y punto! ¿Y el recreo?

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